Si tú eres feliz, yo…

Si tú eres feliz, yo…

John Frusciante
John Frusciante

Si tú eres feliz, yo… A saber, que es eso. En cuanto al ejercicio o acto de pintar existe una clara relación con alguna forma de castigo y éxtasis corporal. Una forma de morir y renacer del cuerpo a través de la pintura. Un regeneración de los cuerpos en una espiral de autodestrucción, que muchas veces tienen como punto de partida el hecho de encerrarse a pintar, o simplemente: encerrase. Una manera de aislarse del resto para así ver el mundo más de cerca aunque muchas veces nos vaya la vida en ello o la salud, como sangre derramada que se cuela entre nuestros dedos e imposible de contener. ¿Pero sería posible hacerlo de otra manera?. Seguramente.

Aún a riesgo de equivocarme, pero sin dudas al respecto, tengo la sensación de que entre todas las bellas artes, la pintura es la que conlleva mayores peligros para el cuerpo, sobretodo de muerte. Y sin embargo, es la que más se ha encargado del cuerpo, incluso cuando ya no había cuerpo del que encargarse tras la primera guerra mundial o la segunda, como dejó claro el arte abstracto o más tarde sus descendientes americanos: pop art y expresionismo abstracto. No fue la creciente popularidad a principios del siglo XX de la fotografía lo que generó un giro de la pintura hacia lo abstracto, fue la guerra. Ya no había cuerpos heroicos y bellos que pintar sólo lo que quedo de ellos y de esto ya se encargó el cubismo. Una realidad consumida y destrozada, hasta reducirlos a su pertenencias. Y algunos hasta las coleccionan. Si así son felices yo…

Pertenencias y zapatos. Museo Auschwitz
Pertenencias y zapatos. Museo Auschwitz

Por eso el pintor moderno es siempre un antiguo romántico, la pintura sea figurativa, abstracta o lo que sea está llena de nostalgia por el cuerpo incluso cuando no está presente a primera vista. De ahí la ironía que subyace en toda pintura. Alguno lo llamará paradoja, pero acaso ¿no son todas las paradojas irónicas por naturaleza?.

Mientras algunos pintores se fueron a buscar lo espiritual en el arte hasta reducirlo a puro símbolo o iconografía y religión. Y con esto no me refiero a sólo unos pocos como Kandisky y Malevich, sino a todo el que siguiera por este camino desde entonces hasta nuestro días. Otros hicieron de su sufrimiento físico y autodestructivo fuente de una pintura si cabe más real: una pintura del cuerpo y su reconstrucción a partir de lo poco que quedó de el en la pintura moderna. Aunque para ello se llevaron el suyo por delante.

Un ejemplo de esta autodestrucción del propio cuerpo como catalizador de un pintura más física que otra cosa, sería Jean-Michele Basquiat, pintor neoyorquino de familia bien(como casi todos los artistas) que hizo de su pintura una maldición que le llevó a la indigencia y a morir de sobredosis de heroína, tal vez, la droga que más castiga el cuerpo. No sé cuantos escritos o ensayos hay sobre la relación de esta droga con la pintura, pero encuentro un romanticismo fantástico y sugerentemente bello en ella. Su belleza radica en esa ironía o paradoja existente entre lo físico y lo no físico, buscando la ausencia del cuerpo, llevándolo a su máxima excitación o estado de percepción, para llegar a no sentir dolor experimentando el máximo dolor posible, hasta que el cuerpo se derrumba y no puede más. La heroína lleva a convertir a la pintura en el arma maldita que mata al pintor, convirtiéndose en recipiente físico de esa nostalgia por recuperar el cuerpo o lo corpóreo de la pintura.

Jean Michel Basquiat Glenn
Jean Michel Basquiat Glenn

La una y la otra se convierten en una sola haciendo una habitación de la que no poder salir, construyendo una cárcel casi mortal, como le ocurrió a John Frusciante, que como se puede ver en el video documental producido por su amigo Johnny Depp y dirigido por Gibby Haynes de los Butthole Surfers conocido como Stuff( https://www.youtube.com/watch?v=MDEGQWubAf4)vivía inmerso en un vórtice de caos, pintura, drogas y música en el que estaba atrapado y que casi acaba primero con su cuerpo, un cuerpo sin carne ni encías, y que casi acaba con su vida al incendiarse con él dentro. De esa época son algunas de estas pinturas que como las de Basquiat tiene mucha influencia del grafitti y del art brut, una especie de automatismo guiado por el propio cuerpo y sus sensaciones, siempre bajo la influencia de las drogas y los efluvios de la pintura, que no olvidemos que es alta mente tóxica e inflamable.

Stuff
Stuff

Sus cuadros van desde los psicodélico y el horror vacui hasta adentrarnos más que en el alma del pintor, en su propia visión atormentada de su propio rostro. Sus cuadros son un autorretrato continuo para, de alguna forma, reconstruirse físicamente a través de la pintura, cuando ya casi no le quedaba cuerpo, ni carne para sujetar sus huesos o ¿sería al revés, huesos que sujetan carne?. Sólo los pintores los saben. Bueno, al final lo que le sujetó a la vida no fue otra cosa que su guitarra, con la que, de alguna manera, ha seguido pintando.

Para terminar, ya de una vez, decir que si tú: ARTISTA eres feliz, yo…

John Frusciante
John Frusciante

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>