Más allá de la línea de sombra

por José Ramón Sandar Rivas

Sol Calero Olvidados en el vacio
Sol Calero Olvidados en el vacio

Sí bien sé, que a día de hoy la historia no nos ha enseñado mucho y a la propia historia me remito -repetitiva y reproducible: lo primero mediante el lenguaje y lo segundo mediante la tecnología- cuando digo que no aprendemos demasiado, un ejemplo clarísimo serían las guerras(repetidas y reproducidas). Y no es que quiera profundizar mucho en este tema, pero me asaltan serias dudas sobre esto de la historia, la verdad; lo que se cuenta y como se cuenta. Dudas que a día de hoy aún no he resuelto, pero que están ahí, me mantienen alerta, que me hace seguir contando.

El “horror vacui” en que se ha convertido la historia del arte, es la historia de una acumulación, sin sentido, de imágenes, de manías e ideas descabelladas de gente muy cuerda, aunque lo más triste es que se tomen tan enserio a ellos mismos y nosotros a ellos. ¿Qué fue de la risa? Aquella que se escuchó ante la Olympia de Manet, una risa inmensa. Por suerte, el arte trasciende su historia y la que nos cuentan; va más allá, porque es innato e involuntario en todo ser humano, y sobre todo es un alborozo, una alegría sin sentido; es la celebración de la vida. Tan serio como se ha vuelto, y no me digáis que no, porque no se escucha ni el vuelo de una mosca en una exposición o en un museo, es imposible ya casi me entren ganas de ir, sobretodo a aquellos que van de modernos y que si no vas…bueno mejor no digamos que no vamos y ya está, no vaya a ser que nos tachen de antiguos o algo peor, claro que para ellos siempre será una cuestión de modernidad, de estar al día; de ir a la moda, vamos. Cuando más aprendo de arte, es cuando menos caso le hago, cuando me distraigo de su continua presencia; cuando camino por su invisibilidad; lo que no se ve; lo que no se dice; lo que se revela su verdadera presencia.

Y si algo buscaba Manet era esa risa inmensa, tan anticristiana y satánica[1] para Baudelaire como para el propio cristianismo: Jesús no ríe nunca, el mayor de los sabios iluminados. La risa llega con el mordisco a la manzana y trae consigo la pena y el llanto; la risa a lo largo de la historia del arte ha sido signo de bajeza moral e ignorancia; el sabio no ríe. Y si embargo, las mejores obras de la literatura son caricaturas: Don quijote o Falstaff (por citar algunos ejemplos de los muchos que hay). Lo cómico, aquello que produce risa, es el contrapunto de lo trágico, aquello que nos produce pena. No se puede separar lo uno de lo otro, sin duda su origen es el mismo, el mordisco a la manzana; el dolor. Y ya bastante hay en el mundo como para no poder reír en una exposición sin que te hagan bajar la voz, “!! Señor, baje el tono”, es que de verdad, sí en el arte hay algo esencial es esa característica de lo riente, de lo que produce risa, el lado cómico de las cosas, su otro lado, su lado rebelde, como el pelo. ¿ Qué otra cosa puede producir las melenas de pelo de los dibujos de Sol Calero que no sea una carcajada enorme? Caricatura romántica de ella misma, sola, frente a lo que parece una inmensa nube de pájaros o la inmensidad del bosque, tras esa línea horizontal; horizonte de la otra parte a la que se acerca el arte, a la parte de lo invisible. Sean nubes de pájaros o sea la inmensidad del bosque, no son guardianes de lo divino, son mensajeros y fuentes de la energía que tienen las cosas de este mundo, pero hay que tener cuidado, acercarse y mirar, pero no ir nunca “más allá de la línea de sombra”[2], porque puede que no vuelvas en tus cabales.


[1] Charles Baudelaire Lo cómico y la caricatura Antonio Machado libros, 2001.

[2] Joseph Conrad Lord Jim 1895

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