Tiranosaurio, José Díaz

Really Webter, óleo sobre lienzo, 2011
Really Webter, óleo sobre lienzo, 2011

por Cristina Anglada

“Tiranosaurio” es el título de la primera exposición individual del trabajo de José Díaz (Madrid, 1981). La muestra de piezas se despliega en el espacio comercial de la joven galería José Robles.

José Díaz estudió Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid y sumó a su formación un año en Berlín con la beca Cogmos de posgrado en colaboración con una de las más interesantes galerías españolas de la capital alemana, Invaliden 1. Su experiencia como partícipe y espectador de en aquellos momentos (2006-2007), el epicentro de la creación artística contemporánea, ha dejado cierta huella en su trabajo.

Su obra se puede relacionar -si se quiere- con los “nuevos” acercamientos a la pintura a través de ciertas actitudes reconocibles que comparte a primera vista con artistas como el sueco Emil Holmer (1975) o el alemán André Butzer (1973) y su expresionismo de ciencia-ficción. Es decir, cierta recuperación refrescada del neo-expresionismo alemán y aquellos inspiradores del mismo.

Díaz parece compartir con sus contemporáneos unas similitudes no exclusivamente a nivel superficial y formal, sino que podemos considerar tal parentesco en cuanto al resultado esencial de entender y reaccionar frente al mundo actual de una manera concreta. Esta misma se direcciona construyendo su destrucción a partir del medio y proceso creativo pictórico más tradicional (óleo sobre lienzo). A su vez, todos estos autores van introduciendo elementos de un imaginario colectivo urbano actual, una gama de colores estruendosa y un cierto horror vacui que se acumula y atropella en el primer plano.

Hablamos de una común visualización y re-creación de un mismo estado de ansiedad contemporánea y sus anárquicos detritos a través del medio pictórico. Frente a las maneras hiper-realistas igual de dominantes en el panorama actual, estas tendencias son de un tipo de abstracción que no es tal en busca de una desmaterizalización de la temática –si es que la hay-, sino todo lo contrario, más bien el resultado del retorcimiento de una realidad deshecha, destrozada, decadente y pasada por la expresión sismográfica del autor.

En el caso de la muestra que nos ocupa, se trata de una selección que combina obras de gran y pequeño formato. Casi todas datadas de este año 2011, aunque también se han incluido un par realizadas en el 2009. En pocos años se puede apreciar una evolución muy interesante y sutil.

La selección reunida esta vez nos muestran mundos, espacios de alguna manera reconocibles. No son ruinas de nada -aún-, ya que parecen  mantener cierto atisbo de vida orgánica, aunque en un estado de descomposición. Las cosas que vemos parecen derramarse. Pringan. Gotean. Ensucian. Incluso pueden hacer daño (picos, elementos dentados). Una estética post-apocalíptica resultado de un aceptar la ausencia del concepto de futuro. Una temporalidad flotante que hace que la sensación de abstracción de las obras no venga de su aspecto formal, sino más bien en el sentido de que son cuadros abstraídos en sí mismos.

Una estética algo oscurantista muy de moda en la actualidad (Scarpulla, Salem) que parece apoyarse en cierta línea espiritual o religiosa que se recrea en la rica visualización del apocalísis (El Bosco, Brueghel).

Los elementos se encierran por los cuatro costados de lienzos-ventana, pues mantienen algo de espacio que cruzar y por el que asomarse, sensación dada por la ligera conservación de cierta perspectiva -aunque quebrada- en varios de los cuadros. Arriba a veces una franja azul parece indicar un trozo de cielo, despejado o tormentoso. No es cierto que inviten a entrar tales lienzos-ventanas, pero aquellos que se atrevan, se encontrarán con un espacio en cierto modo transitable. Cuevas, escondrijos, explanadas. Todo se acompaña además de una sensación térmica, táctil, olfativa de lo mostrado. Recrea tu sensación corporal de estar ahí y se configuran en forma de pistas que nos permiten averiguar y descubrir algo más sobre esos mundos. Como bien dice Selina Blasco en la nota de prensa de la exposición, abundan las imágenes ambiguas, entre pareidolias y doodles. Tal ambigüedad dependiente de por donde lo mires o quien lo mire, acrecienta la imaginación de cada espectador, ansioso por terminar de construir lo que parece ver o intuir.

Todos los cuadros expuestos guardan relación unos con otros, y todos parecen ser resultado de una construcción procesual e intuitiva. La mano se ha liberado del ojo, de la visualización del mundo, y sigue y recrea aquello que se encuentra en la frontera entre los visible y lo invisible, lo real y lo que se supone que no lo es. La pintura deja de ser representación para configurarse presencia, visiones.

Meno fromdat, óleo sobre lienzo, 2011
Meno fromdat, óleo sobre lienzo, 2011



Really Webter, óleo sobre lienzo, 2011
Teegarden actvew, óleo sobre lienzo, 2011

Caesar Gingsid, óleo sobre lienzo, 2011
Caesar Gingsid, óleo sobre lienzo, 2011

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