SOLVE / COAGULA. Individual de Alfredo Rodríguez en Espacio Valverde

Por Cristina Anglada

Vista de la Exposición SOLVE/COAGULA
Vista de la Exposición SOLVE/COAGULA

 

La fotografía siempre ha sido considerada la hija bastarda de las artes visuales. Abundaban las razones: su falta de unicidad, su asociación esencial a una finalidad de descripción de la realidad junto a una afiliación a las ciencias. Todo ello la separó de raíz de lo que en esos momentos eran los supremos representantes de la creatividad y artisticidad: la pintura y la escultura. El primer camino que toma la fotografía para intentar legitimarse fue mirando hacia la pintura, adoptando sus ideales estéticos, cualidades y temáticas. La lucha por estar a su altura siguiendo esos criterios era una batalla desde el comienzo perdida.

Tras varios fracasos, la fotografía decide dar un giro hacia lo que claramente conseguía diferenciarle del resto, construyendo la historia que ha sido: paso a paso trabajó en su capacidad para espejar la realidad “precisamente”, con “supuesta” objetividad, y no sólo espejarla, sino retenerla, fijarla sobre una superficie. La fotografía entendida como uno de los mayores logros del ser humano la convierte en adalid de los valores modernistas. Una vez estos comienzan a ser desacreditados, la fotografía vivirá una etapa de enriquecimiento teórico, ganando en valoración, independencia y autonomía. A partir de los 60 y 70 entran las teorías post-estructuralistas con la revista October a la cabeza, generando debates que ponen sobre la mesa ciertas cuestiones alrededor del medio fotográfico con respecto a la memoria, la historia, la presencia, la ausencia, la veracidad, la comunicación, la mitología contemporánea, la reliquia cultural o las formas de mirar. Muchos artistas contemporáneos focalizarán su análisis a partir de la fotografía, en las raíces de la representación en un mundo dominado por la imagen.

Esta trayectoria ha provocado una situación de auto-conciencia paradójica que nos ha hecho acostumbrarnos a asimilar lo fotográfico como testimonio de lo real y factual. Con ello la implantación del simulacro y la separación del estado auténtico del estar y del ser.

De la mano de Alfredo Rodríguez repensamos la práctica fotográfica a la vez que establecemos conexiones con autores contemporáneos que trabajan nuevos modos de entender la disciplina. Alfredo tira por el camino de en medio. Ni ventana ni espejo*, la fotografía deja de tratarse como medio hacia algo y trabajarse desde la experimentación técnica hacia la plasticidad y lo objetual. Se rasga la superficie haciéndose presente. Se trabaja en ese proceso de múltiples posibilidades que lleva a una imagen a asumir un estado físico. Se escinde con certeza lo que es fotografía (una conclusión) de lo que es imagen fotográfica (una posibilidad); cosa real y símbolo.

Alfredo Rodríguez presenta en esta individual en Espacio Valverde una selección de trabajos bajo el título SOLVE /COAGULA. Éste es tomado de la fórmula que -como recoge Castro Flórez en la nota de prensa-, remite al principio alquímico, estudiado por Jung, de la transformación, relacionándose a su vez con una concepción de la naturaleza como unidad en la que todo interactúa. Un mantra que conecta los dos extremos: disgregar, concentrar, disgregar, concentrar… También es el título de dos de las obras de la exposición, cada una muestra dos estados diferentes de un objeto de vidrio plano y monolítico encontrado por el autor y que sigue en transformación.

Coagula
Coagula

Sin embargo, no son estas las obras que nos dan la bienvenida, la que asume esta función es Mummerehlen I, un gelatinobromuro de plata que nos muestra a una chica atrapada en un espejo. Mummerehlen II se encuentra al final de la galería, casi a modo de conclusión. En ésta, y en paralelo con la historia de la que toma título de Walter Benjamin, la figura ha desaparecido. Solarización o hipervelado consiguen generar esta imagen fantasmagórica.  Procedimientos parecidos se practican en la serie de Watcherdisappear compuesta por tres piezas. La imagen es tratada químicamente hasta conseguir una casi total desaparición en pro de una composición abstracta de manchas.

Mummerehlen I
Mummerehlen I
Mummerehlen II
Mummerehlen II

Estos trabajos van revelando ciertos aspectos clave en la práctica de Rodriguez: el trasteo con la imagen fotográfica y los procesos, el juego entre materialidad y abstracción, la relación entre tiempos, la memoria como experiencia creativa y el arte como tacto del deseo ausente.

 

 

 

 

 

 

 

 

Serie Watcherdisappear

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El elemento biográfico es esencial en el proceder de Alfredo, pero sin embargo, renuncia a la labor auto-documental. Las fotografías que vemos son imágenes extrañas y confusas resultado de estrategias de superposiciones e interferencias. Vienen a actuar a modo de traslación significativa de la transformación del propio recuerdo. Muchas de las vivencias comparten ese elemento de fiesta, generando imágenes alteradas. Buenos ejemplos de ello son la serie de Blue Light, la pieza de B.L.S, pero también la serie Limbo I. Esta última, realizada con una cámara estenopeica, utiliza negativos de la serie Blue Light, los cuales son pegados con cinta adhesiva visible en la ventana de cristal de la terraza del autor. Cada nueva imagen resultante es fotografiada, dejando el escenario “presente” en negativo, la amalgama de experiencias del pasado, reunificadas en positivo.

Blue Light I
Blue Light I
Limbo I
Limbo I

Con propuestas como la de Alfredo, la fotografía se vacía ya no sólo de teorías, sino de su función descriptiva y funcional. La liberación llega una vez se acepta la imposibilidad de retratar y recoger la realidad. Desacralizado este hecho, lastre al agua. Una liberación que supone un desaprendizaje intencional, saltarse clases y pasos de la convención y la norma, dando lugar a un constante “a ver qué pasa”, donde el rodeo, la prueba y el error desembocan en variantes donde la estética más kinki no se descarta.

Alfredo comienza a disfrutar de todo lo que puede suceder después de la toma, de las mil posibilidades que la práctica y la plástica ofrecen. Una reivindicación del laboratorio que ya encontramos en los inicios de la fotografía, con Stieglitz a la cabeza y que no es otra cosa que la reclamación de la labor manual del hombre. Rodríguez comparte además con otros fotógrafos contemporáneos la acción de rescatar técnicas de los orígenes de la fotografía, un buen ejemplo es la artista Lisa Oppenheim. Sus investigaciones se diferencian de las que predominantemente emprenden los denonimados artistas con PHD, típicas de la era post-material caracterizados por el apoyo altamente conceptual de raíces filosóficas y conceptuales en los 60 y 70s. Aquí la investigación gira en torno a la naturaleza de la materia, al carácter de la fotografía como portador de imágenes y al elemento fundacional de las fotografías. Experimentando con las técnicas de la primera fotografía pretenden acercarse a la sorpresa de la materia y a la magia del proceso fotográfico, que no es poco. Podrían incluso considerarse odas a la propia experimentación como respuesta a esta consiguiente pérdida de manera de producir típica de nuestra era digital.

Lisa Oppenheim, 2012
Lisa Oppenheim, 2012
Lisa Oppenheim
Lisa Oppenheim

Con Mandla Reuter comparte esa renegociación de las relaciones entre abstracción y materialidad, con un ojo puesto en los efectos que tienen en nuestras vidas la era digital. El laboratorio se amplia e incluye a todo lo que es post-producción, todo lo que puede hacerse después de la toma/s, trabajar sobre imágenes fotográficas, incluyendo obviamente el ordenador y sus herramientas. El elemento de la luz, el azar y el tiempo también son esenciales.

Mandla Reuter
Mandla Reuter

Por otra parte, el colapso de lo narrativo desemboca en un tratamiento de la fotografía como objeto, cosificándolo. En este sentido se acerca a ciertos trabajos del autor Miguel Ángel Tornero o Liz Deschenes.

Miguel Ángel Tornero
Miguel Ángel Tornero

Parece que la fotografía es capaz de representar mucho más que un momento en el tiempo. La actitud de Alfredo oscila entre obsesiva e iconoclasta acercándonos a las preguntas: ¿cómo podemos ser nuevamente sorprendidos por la imagen? En este caso a base de trabajar la magia del propio medio además de a través de la inesperada novedad que resulta en la apariencia de cada prueba y trabajo. Alfredo Rodríguez entreteje la imagen y sus historias haciendo entrechocar de manera más o menos natural dos desarrollos contemporáneos propios de la producción artística actual: el conceptual y el material.

 

 

 

*Referencia a la muestra célebre comisariada en el MOMA por John Szarkowski “Mirrors and Windows” en 1978

 

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