Misha Bies Golas. cousas que non serven para que

adhoc galeria 

| Rúa Joaquín Loriga, 9 | Vigo

del 12 de diciembre 2014 al 7 de febrero 2015

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La seña del caminante es en ocasiones la de dejar marcas de tránsito, indicadores de paso, de presencia, en espacios que semejan no estar diciendo nada. La calidad del caminante no es la del cazador que simplemente aguarda y busca constantemente la presa, cuanto más importante mejor, sino la del recolector, que desarrolla una actitud de rastreo, una mirada capaz de localizar el objeto de importancia a veces nimia, pero al que es capaz de dotar de absoluto sentido, nuevamente localizado en otro espacio, como llamada de atención sobre un universo circundante y absurdo. La imagen como generadora de sentido es la columna vertebral de la obra de Misha Bies Golas (Lalín, 1977). Una suspicacia de corta y pega, de fotografía y reseña, de colecta y arreglo, que guarda esencias de Max Ernst y de Hans Peter Feldmann, de Kandinsky y de Arthur Cravan, de Ionesco y de Lorca [“¿Qué voy a hacer, ordenar los paisajes? / ¿Ordenar los amores que luego son fotografías, / que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre? / No, no; yo denuncio, / yo denuncio la conjura / de estas desiertas oficinas / que no radian las agonías, / que borran los programas de la selva, / y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas / cuando sus gritos llenan el valle / donde el Hudson se emborracha con aceite.”], (Poeta en Nueva York).

La tarea del recolector asume un significado de reajuste cultural. Patear a Cervantes en un improvisado balón de fútbol, encontrar la cualidad estética de la ceniza de un cigarro que pelea por ser obra artística, convertir el objeto en representación y la representación en objeto para así desdecir la mano del propio autor y romper la estructura guiada de la propia Historia del Arte. En el trabajo de Misha Bies Golas hay secuencias, estructuras fílmicas, hay antojos de objet trouvé, hay ritmos de Duchamp y de Fellini, hay collage y fotografía, hay la historia de la literatura universal y todo este constructo, se teje para discurrir un hilo de crítica audaz que carece de sentido por sí mismo en una imagen única. La idea de punctum de Roland Barthes se desvanece para ejecutar un trabajo de engarce de piezas. Por sí sola la imagen da un sentido asumido, en conjunción con otras, convertida en objeto, adquiere capacidades de revelación que son el eje del trabajo de recolector de Misha Bies Golas. Su obra tiene la capacidad preclara de la repetición [“Paseando en automóvil, en el crepúsculo, por una calle del Port de la Selva, veo en un modesto escaparate un juego de café completo, de porcelana, cuyas tazas están ornamentadas con una reproducción en color de El Angelus, inscrita en forma circular, en halo. Siento una impresión considerable porque, además, la repetición del tema da a la imagen obsesionante un carácter estereotipado atroz y trastornador.”] refería Dalí en El Mito Trágico de ` El Ángelus´ de Millet.

En Cousas que non serven para que Misha Bies Golas consigue dar otra vuelta de tuerca al trabajo iniciado con su presentación de Dispositivo (2011) y reiterado en sus reciente pieza colectiva 27 negros (2014) presentada en el CGAC o en sus piezas editadas, como en la nietzscheana A modo de conclusión (2011), o en Grosso modo (Hay que estar tranquilos) (2011)La denuncia preclara de las estructuras vitales, del propio mundo del arte, de la idea de Dios y del lenguaje o de la misma noción de autoría cruza su trabajo de modo transversal. De la habilidad del espectador, dependerá la resolución del problema que nos plantea con esta exposición.

 

 

Mónica Maneiro Jurjo

 

 

 

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