Makulatur / Kiko Pérez

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Makulatur es el título de la segunda exposición individual de Kiko Perez en la galería Heinrich Ehrhardt y que podremos ver hasta el 18 de Julio. Para esta ocasión, el artista ha presentado una nueva series de papeles pintados. Un trabajo esencialmente formalista que aboga por una experiencia directa y corporal en un mundo de objetos.

 

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La exposición se celebra en la galería fundada por Heinrich Ehrhardt y gestionada conjuntamente a su mujer Esther Viña y Pablo Flórez. Este espacio tiene un largo recorrido y fue re-abierta en Madrid en 1998 y se caracteriza por un cuidado programa dedicado a la pintura y escultura de autores alemanes y españoles. Durante los últimos años y, en parte, gracias al fino ojo de Pablo Flórez, se ha ido incorporando de manera progresiva una selectiva hornada de artistas españoles de la nueva generación entre los que se encuentran nombres tan interesantes como Julia Spínola, Fernando García o el propio Kiko Pérez.

Kiko Pérez (Vigo, 1982) es un artista gallego formado en la tradición escultórica vasca. Para esta segunda individual en la galería, Pérez presenta una series de papeles pintados. Con esta muestra, la cual ha tenido un rotundo éxito, el artista parece moverse hacia un formalismo más poético y rico, con una actitud mucho más profesional, disciplinada y programática. Ha realizado una apuesta sin dudas, sin giros bruscos, y le ha salido mejor que bien. Muchos de estos trabajos continúan las experimentaciones iniciadas tiempo atrás. Durante su residencia de El Ranchito Matadero en Helsinki, el autor realizó piezas donde podíamos ver evocado lo que ahora vemos ejecutado de manera rotunda.

Sus papeles pintados se conciben como pintura, pero en ellos es esencial el carácter ligeramente objetual, de construcción en capas y aprehensión de la realidad de-construida desde el punto de vista asociativo del color y la composición. La atención del autor por la producción de objetos de toda clase, su estructura y diseño funcional, son menester a la hora de elaborar sus piezas dentro del marco del sistema de arte.

Debemos mencionar la experiencia directa que propone el artista con cada pieza, trabajando atentamente su aspecto matérico; la fragilidad como aspecto perseguido y deseado. Esto se presenta de manera ideal con aquellas obras que han sido colocadas desnudas sobre la pared. Sin embargo, en esta ocasión podemos encontrar otras enmarcadas. La necesidad de adecuación al contexto en el que expone (una galería comercial) y de conservación, ha supuesto una licencia en principio peligrosa, pero que ha resultado ser interesante. Vemos que los marcos seleccionados y los fondos elaborados actúan de manera acorde a esa materialidad tan sugestiva y con ello se consigue evitar cegar la fragilidad de las piezas, de tal manera que la pintura no queda encerrada, sino completada con ese elemento, reforzando su carácter escultórico.

El montaje de la muestra parece huir de los modos expositivos más convencionales para proponer uno que se mueve entre un salón despiezado del XIX y las propuestas sectarias de los suprematistas. Este movimiento artístico del XX supone además una influencia fundamental en la trayectoria íntima y formativa del artista, en esa idea de la reducción y esencialismo formal. Sin embargo, en el caso de Kiko, la parte fanática se sacrifica en beneficio de una cotidianeidad sensorial, aludiendo a lo corporal y la experiencia directa en un mundo de objetos. También es interesante reconocer que el propio montaje actúa a modo de reverbere del comportamiento formal interno de las piezas individuales.

Siguiendo con el montaje: vemos que, desde el propio texto de la exposición, se entiende el modo de presentar las piezas en sala como una forma de subvertir el modelo convencional. Se habla de trasladar el estudio a la galería, muy visto de todas maneras últimamente (solo hay que darse una vuelta por el Contemporary Art Daily) y casualmente en una exposición en Madrid vigente ahora mismo, la de Diego Delas en F2. Tanto en el caso de Diego como en el de Kiko, esta estrategia parece esconder un interés muy claro: desarrollar un programa artístico que persigue ese “estado intermedio” característico de las obras en el estudio y que huye de lo perfecto y acabado que acogería una exposición en una galería e institución. De esta manera se aspira a la experimentación constante y a la potencialidad que se da en el error y el accidente.

Kiko Pérez parece asentarse con esta segunda exposición como uno de los artistas más interesantes del panorama joven nacional. Sus papeles pintados vienen a concentrar sus reflexiones de manera eficaz, hilando todos esos aspectos con un formalismo poético que trabaja siempre desde la cotidianeidad y la materialidad, asumiendo la fragilidad y los estados intermedios como fuentes infinitas de potencialidad.

 

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MAKULATUR

Una exposición de KIKO PÉREZ

Galería Heinrich Ehrhardt

Calle San Lorenzo, 11

28 de Mayo – 18 Julio 2015

 

Todas las imágenes cortesía de la Galería Heinrich Ehrhardt

 

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