Dos miradas sobre el trabajo de Elena Alonso

 

 

Composicion_de_lugar_03

 

 

Inauguramos la sección “Dos miradas sobre…” con la ocasión de la segunda individual de Elena Alonso en espaciovalverde: Composición de Lugar

Exposición abierta del 13 de febrero al 30 de marzo de 2014.

 

Artículos por Hugo Castignani y Cristina Anglada

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Así, pero más grande, 2013 / Crédito fotográfico Marta Orozco
Así, pero más grande, 2013 / Fotografía de Marta Orozco

 

“La cultura se comporta con el objeto técnico como el hombre con el extranjero cuando se deja llevar por la xenofobia primitiva. El misoneísmo contra las máquinas no es tanto un odio de lo nuevo como un rechazo de la realidad extranjera. […] La máquina es la extranjera; es la extranjera que encierra en su interior algo humano – desconocido, materializado, esclavizado, pero humano. […] La mayor causa de alienación en el mundo contemporáneo reside en este desconocimiento de la máquina, que no es una alienación causada por la máquina sino por la ignorancia de su naturaleza y de su esencia.” El autor de estas provocadoras palabras es el filósofo Gilbert Simondon, quien a finales de los 50 del siglo pasado encabezaba con ellas su original Del modo de existencia de los objetos técnicos. Tal y como testifica el hecho de que sólo muy recientemente se haya redescubierto la obra de este autor, ya entonces estas líneas expresaban un punto de vista situado totalmente a contracorriente, no tanto por su mayor o menor tecnofilia – Simondon combate simultáneamente el anti-tecnicismo y lo que él llama el “tecnicismo imperante” – sino por cómo iba a desarrollar la idea en ellas contenida, según la cual el hombre denigra cotidianamente los utensilios que él mismo crea: en términos todavía chocantes, llega a catalogar esa relación de “esclavitud”.

¿Son los objetos nuestros esclavos actuales, esperando a ser liberados? Elena Alonso no pretende responder a esta pregunta tan categórica, pero sí que se muestra dispuesta a escuchar lo que dicen los objetos; y quiere que nosotros escuchemos con ella lo que nos tienen que decir. Simondon afirmaba que para comprender a los objetos técnicos hay que ser “mecanólogo”, esto es, comprender la máquina por lo que es antes de juzgarla, pero que normalmente no los vivimos y juzgamos así, sino con prejuicios. Pensar en su modo de existir nos conduce en cierta medida a un existencialismo del objeto técnico, es decir, a ponernos en su sitio, en el lugar del objeto técnico. Es ese precisamente el lugar que Elena Alonso explora en su última exposición, titulada significativamente Composición de lugar. Un lugar que es lugar común o punto de encuentro, y de desencuentro, entre el espectador – el ser humano – y el objeto – también de ese objeto especial que es la obra de arte. Es una operación con resultados mitigados, de comprensión e incomprensión al mismo tiempo, pues aunque contenga un germen de humanidad que lo explica y lo determina, por esa misma razón el objeto siempre mantiene con nosotros una relación de extranjería que es automáticamente de extrañeza. El objeto es al mismo tiempo responsable y chivo expiatorio de nuestros problemas; establecemos con él una dialéctica del amo y el esclavo en la que objeto y humano están continuamente intercambiando los papeles.

En los cuadros de Elena Alonso los objetos hablan un lenguaje que es veladamente familiar, lo cual lo hace más extraño e inquietante todavía. Las dos piezas mayores de la exposición, “Así, pero más grande” y “Así, pero tirando a cálido”, y los más pequeños de la serie “Carta” son disposiciones de formas y figuras heteróclitas ordenadas según una fórmula vagamente reconocible, pero no por ello menos ignota. Del mismo modo, la serie “En referencia a esas líneas” – sucesión de ocho cuadros en los que sobresale una figura geométrica de un negro intenso como el de tinta china que contrasta con el fondo claro, cada una de ellas distinta y que combinada con las demás parece formar una línea de caracteres o ideogramas – nos pone en comunicación con un mundo de los objetos con el que compartimos intimidad pero que al mismo tiempo nos es ajeno, un mundo que podría pertenecer a una civilización antigua, apenas emparentada con la nuestra, casi alienígena. Con razón Óscar Alonso Molina ha señalado el carácter egipcio, jeroglífico, de estos cuadros; también recuerdan a los grabados de la Enciclopedia de Diderot que mostraban los diferentes oficios y sus instrumentos, despiezando cada máquina y cada dispositivo, sólo que aquí nos falta la explicación que los acompañaba y que en cierta forma representaba la imposición de una determinada mirada – humana – sobre el objeto.

Carta (1), 2013 / Fotografía de Marta Orozco
Carta (1), 2013 / Fotografía de Marta Orozco
En referencia a esas líneas (7) / Fotografía de Marta Orozco
En referencia a esas líneas (7), 2013 / Fotografía de Marta Orozco

Para hacerles hablar, hay que cuidar a los objetos. Elena Alonso cuida de ellos, no sólo los de dentro del cuadro sino el propio cuadro que los acoge y que en realidad es un objeto técnico más. Son cuadros con mucho cuidado, en los que se combinan con delicadeza y rigor metódico distintas texturas, veladuras y difuminados para realzar el objeto en toda su riqueza tridimensional con una deliciosa paleta de colores. En el papel y en el dibujo confluyen disciplinas técnicas como la arquitectura, el diseño, la artesanía, o más abstractas como las matemáticas y la filosofía. En cierto modo, en ellos es posible reconciliar la escisión de las dos culturas (literaria y tecnocientífica), y por ahí pasaría la por así decirlo misión enciclopédica renovada de estos cuadros: darle un contorno y una personalidad reales a aquellos objetos que en la Enciclopedia de Diderot aparecían de forma plana, únicamente en dos dimensiones, y de esta forma si no liberarlos, sí al menos liberar su fuerza expresiva, revelar su condición de cosa antes que objeto.

En referencia a esas líneas (5) / Fotografía de Marta Orozco
En referencia a esas líneas (5), 2013 / Fotografía de Marta Orozco

Posiblemente ahí, en la diferencia del objeto a la cosa, resida la tensión fundamental que atraviesa estos cuadros. Digamos, con Heidegger, que la cosa es aquello que existe de forma independiente y por sí misma, mientras que todo objeto presupone un sujeto, es decir, es dependiente del ser humano que lo concibe y lo utiliza. El objeto sería pues inseparable de lo humano – más aún el objeto tal y como es definido en las ciencias naturales, que simplifican a su vez los objetos reales a través de formalizaciones matemáticas – y la formalización que conlleva no es en ninguna medida equivalente a la profundidad y misterio de las cosas. Objeto y cosa no son tipos distintos de entidades, sino maneras de ser de la misma cosa según esté tamizada o no por lo humano, de ahí su tensión inherente, que quizás se revele de forma más clara en la serie ya mencionada “En referencia a esas líneas”, y en el cartabón escayolado que discretamente preside la sala a modo de origen, concepción o principio secreto de la exposición. En ambos, el objeto – en el que se adivina la pura forma geométrica – se excede a sí mismo y a su propia forma, deviene algo de contornos irregulares, deviene cosa ante nuestros ojos.

“En referencia a esas líneas” suscita además la cuestión del objeto en el mundo, y de la distancia entre el espacio y el lugar: se establece en esta serie un contraste muy marcado entre la figura negra en primer plano – oriental, trazada como una caligrafía, a pulso – y el fondo claro – occidental, trabajado, difuminado – que podemos interpretar como un tenso diálogo entre la cosa y el espacio al que ella da lugar, y del que es algo así como su precursor oscuro y ciertamente inquietante. Así, la tensión cosa-objeto iría en paralelo a la tensión espacio-lugar, como su reflejo o su eco, y a Elena Alonso le gusta jugar también con esta última línea de fricción, sobre todo a través del uso omnipresente de elementos que recuerdan a distintos tipos de escalas cartográficas, especialmente visible en la serie sin título de ocho cuadros más pequeños, en los que esas escalas de referencia rodean por los cuatro costados un cuadro vacío.

Toda obra de arte abre un mundo en íntima relación con sus objetos, dice Heidegger en El origen de la obra de arte, pero ¿qué clase de mundo se abre con estos objetos extraños? Es tentador preguntarse tras visitar esta exposición si el mundo de los objetos es también el nuestro, si el objeto sigue siendo un objeto cuando no hay nadie mirándolo. Nuestro mundo es inconcebible sin el suyo, y aunque los manipulamos a nuestro antojo, precisamente por ello tenemos miedo de convertirnos en sus esclavos. Composición de lugar se completa con una “Mesa de estudio” hecha de vidrio pintado, papel, madera y hierro que es quizás el compendio de estas prácticas pictóricas y estas inquietudes, a la vez objeto estético y objeto técnico, utensilio y obra de arte, objeto clasificador y objeto clasificado – un singular broche para esta muestra del trabajo de uno de los proyectos artísticos más inteligentes y seductores del panorama actual.

por Hugo Castignani

 

Mesa de estudio, 2014 / Fotografía de Marta Orozco
Mesa de estudio, 2014 / Fotografía de Marta Orozco
Estudio de útiles y materiales, 2013-2014 / Fotografía de Marta Orozco
Estudio de útiles y materiales, 2013-2014 / Fotografía de Marta Orozco

 

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Composición de lugar. Algunas pistas sobre el trabajo de Elena Alonso

 

 

Pista 1. La nueva exposición de la artista Elena Alonso en Espacio Valverde se ha titulado Composición de Lugar. La expresión “hacerse una composición de lugar” hace referencia a la idea mental o “locus” imaginario base que construimos con la ayuda de pistas, circunstancias y algún que otro detalle, siguiendo una disposición organizada y algunas normas previas y que sirven para orientarnos en una situación nueva. Esto a la vez actúa de filtro para su posterior aprehensión.

“Composición” no se refiere solo a la manera de distribuir los elementos de una obra en un espacio, sino a un plan o acuerdo tomado entre diferentes personas… Elena, con los títulos y la apariencia primera de las obras que ahora nos ocupan, aspira a darnos unas pistas que supongan un punto de partida a la hora de “leer” su exposición.

Notaciones (3), 2014 / Fotografía de Marta Orozco
Notaciones (3), 2014 / Fotografía de Marta Orozco

Pista 2. Las composiciones de Elena Alonso son el resultado de un cruce arriesgado entre diferentes ámbitos con los que mantiene relaciones personales o curiosas: ciencias como las matemáticas o técnicas como la arquitectura. El contacto atento, curioso y libre que mantiene con ellas, le permite un interesante acercamiento y tratamiento de la “realidad”, cuya complicada y caleidoscópica digestión viene a formalizarse con sus trabajos.

Su propuesta artística toma prestados no sólo métodos y sistemas de estas disciplinas, sino también sus utensilios. Eso sí, los modos de organización, códigos, estructuras, patrones, razonamientos, hipótesis, leyes y métodos de éstas quedan alterados de raíz por la artista generándose un comprometido desconcierto para aquellos que reconocen sus fragmentos transgredidos en sus dibujos.

Pista 3. La mente de Elena tiende claramente hacia el terreno de las ciencias, pero la atracción hacia el mundo de la artesanía genera un trastoque interesante en el transcurso de su hacer. El impulso cerebral se calienta con sus manos. Comparte la relevancia de la labor manual, la escasa o nula intervención de maquinaria, la oscilación entre arte y diseño. También le atrae la relación que la artesanía tiene como continuadora de oficios tradicionales -a algunos de los cuales Elena comenzó a rondar por pura admiración, y que a su manera incluyó en sus experimentaciones-. Por otra parte, me gusta identificar a Elena con un artesano más que con un artista, ya no solo en su elegante contención y discreción para con su yo a nivel expresivo y exhibicionista, sino que se comporta más como herramienta y medio al servicio de una tarea y objetivos concretos. Con generosidad, disciplina y buen hacer ejecuta los pasos hacia unos objetivos que siguen examinándose a través de una constante labor de investigación práctica en la que la artista se encuentra inserta y de la que somos testigos ahora mismo con esta muestra.

Pista 4. Durante la conversación que mantenemos, la artista confecciona un ejercicio narrativo estructurado de manera cronológica para hablarnos de la exposición. Esta muestra podría entenderse como una suma de formulaciones ya solucionadas, investigaciones en marcha y alguna que otra serendipia propulsora, como la que da comienzo a su narración y exposición: el cartabón escayolado (Sin título, 2014).

Sin título, 2014 / Fotografía de Marta Orozco
Sin título, 2014 / Fotografía de Marta Orozco

Un gesto espontáneo, casi de arrebato, es el origen de un nuevo corpus de trabajo. Con él se incorpora el elemento de lo intuitivo a su proceder dejando a su herramienta básica inútil e inmóvil, pero convirtiéndose ésta, sin embargo, en catalizadora de nuevas ideas y experimentaciones. Con ello, lo curvo, irregular y pseudo-orgánico se hace más protagonista en las nuevas piezas ensanchando el camino ya trazado… y es que estos pequeños gestos y detalles se recuperan de series anteriores (véase por ejemplo la obra Barra Horizontal de la serie La Tapadera). Elena trabaja en una constante retroalimentación desde dentro y para afuera.

El cartabón escayolado es incluido necesariamente en la muestra, junto a la mesa de estudio. Casi lo miramos con interés arqueológico deseando que sirva de pista para entender lo que sucede alrededor de él. Y es que actúa como el elemento clave en torno al que giran muchas de las piezas aquí reunidas. La serie En referencia a esas líneas (1,2,3,4,5,6,7,8) tiene como figura protagonista las numerosas posibilidades en que las formas rugosas e irregulares de este nuevo cartabón recubierto se ha fragmentado. Esas manchas gruesas y oscuras esconden realmente sobre el papel su estructura geométricamente apolínea de herramienta fragmentada. El fondo de las piezas queda compuesto por patrones geométricos y paisajes estáticos, construidos como si se tratara de una pieza de marquetería o un collage obsesivamente nítido y ordenado. Fondo y figura pierden su turno habitual en la aparición sobre el papel. Vistas estas piezas juntas y combinadas parecen jugar a servir de elementos de un alfabeto desconocido… ¿Pista o despiste? ¿Jeroglífico o sinsentido?

En referencia a esas líneas / Fotografía de Marta Orozco
En referencia a esas líneas / Fotografía de Marta Orozco

Pista 5. La autora cede una gran importancia a la técnica y a los procesos. La estructura de sus trabajos es el punto de partida y ésta va creciendo poco a poco, ensamblándose las diferentes partes, incrustando otras nuevas, cortes y continuaciones. Una parte muy interesante del trabajo de Alonso es su relación con el dibujo, y es que los suyos, como bien apunta Óscar Alonso Molina en su texto del catálogo, “planta cara a muchos de los tópicos que se asocian por inercia al hacer del dibujo”. Ya no solo que sus obras dejen de ser bocetos ni esbozos, siendo obras terminadas desde su concepción mental. También el hecho de que en su caso no se cumpla la fórmula de ser una disciplina basada en conceptos-lenguaje. Por último, la tan importante decisión de saltarse la precariedad de medios, y es que Elena si por una cosa se destaca es por su preciosista y exquisita manera de trabajar texturas y acabados con el dibujo, fruto de aplicar con virtuosismo diferentes técnicas y trazos (lápiz, gouache, pastel, rotulador), requiriendo cada una un tiempo, siempre paciencia.

Carta (3), 2013 / Fotografía de Marta Orozco
Carta (3), 2013 / Fotografía de Marta Orozco

Pista 6. Esta segunda muestra en Espacio Valverde exhibe una apariencia algo menos llamativa visualmente, pero sorpresiva de una manera más interna y contenida, que se apreciará con el tiempo, pues es una exposición que recoge la propia exploración y evolución de la artista. Se reconoce su mano, pero se ha realizado un pequeño pero relevante giro. Éste consiste en una determinada huida de la tematización embudo (los equipos de gimnasia) que no era más que una concesión facilitando el acceso, pero también reduciendo las posibles lecturas. Las múltiples capas de profundidad e interpretación, formas, colores sobre un espacio plano siguen ahí, la importancia en la técnica y los procesos también, pero el ancla a una realidad concreta y reconocible se ha soltado. Ahora el cerebro se entrena y ejercita con mayor intensidad ocupando todo su tiempo en intentar ubicar, componer, juntar los pedazos del incoherente puzzle.

Sus actuaciones no encierran una critica a priori, sino que surgen de un lúdico pero obsesivo cuestionamiento de todo aquello que le rodea utilizando muchas de nuestras estructuras a la vez que subvirtiéndolas. Preguntas que la hicieron acercarse a disciplinas como la criminología o la arqueología, a las que llegó pensando en las herramientas con las que se miden y registran (piensa y categorizan) los objetos. La apariencia amable y deliciosa de las obras de Elena (sobre todo al atender los detalles) son una especie de velo que actúa a la vez de protección y de acceso visual dándonos un tiempo para deleitarnos antes de sufrir la iluminación. Y es que generan un terreno propicio para el fluir del pensamiento a partir de esa creación de objetos o sus imágenes, cuya parte funcional se trajina y desmonta, acudiendo también a desvelar su parte ideológica inevitable.

Destaca de Elena su manera honesta de abordar la creación como oficio, como su oficio, sin ceder ni caer en fórmulas que reconoce y sabe exitosas, manteniendo a la vez un buen diálogo con ellas, pero generando un trabajo sin carcasas ni cacareos.

por Cristina Anglada

 

 

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