#DisobedientObjects

revolution es trending topic

Por Virginia Lázaro

Disobedient Objects, 26 Julio 2014 – 1 Febrero 2015 / Victorian and Albert Museum, Londres

Comisariada por Gavin Grindon y Catherine Flood

http://www.vam.ac.uk/content/exhibitions/disobedient-objects/

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Uno de los murales que ahora nos reciben en la entrada principal del V&A

Gavin Grindon y Catherine Flood, comisarios de esta exposición, han convenido en llamarlos objetos desobedientes. Se trata de 99 objetos creados durante protestas y movimientos sociales ocurridos en los últimos 40 años, más un último espacio vacío reservado a “futuros objetos desobedientes”. ¿Cuántas exposiciones hemos podido ver en las que se nos muestra, por ejemplo, la historia del mundo en 100 objetos? Esta vez nos traen la historia del activismo reciente, resumida y archivada con ese espacio vacío, un cursi final, un ¡Que la lucha continúe, muchachos!. Al hilo de la exposición, escribía Catherin Flood en uno de los artículos que ha publicado el V&A:

“La próxima exposición del Museo V&A, Objetos Desobedientes, desafía tanto la imagen que mucha gente tiene de lo que contienen los museos como su función. Los museos pueden comprometerse, y a veces lo hacen, con acontecimientos sociales y políticos que ocurren en el mundo que nos rodea”.

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Vista de la exposición
Imagen obtenida de la pagina web del British Museum

 

 

Según lo que nos dice Flood, es por pertenecer a acontecimientos sociales y políticos que estos objetos no son lo que podríamos esperar ver en un museo. Flood señala así que la institución museística ha decidido existir sin tomar partido político. Está solo para asentir la identidad y la gloria del país al que pertenece. Hace unos meses, cuando trabajaba en el British Museum me pagaron con una moneda marcada con el acrónimo RIRA (Real IRA). No había vuelto a ver una de estas monedas hasta esta exposición. A pesar de ser historia (bien sea o no, una de la que estar orgulloso) esta moneda no se encontraba en la sala de Monedas y Medallas del British Museum, junto a las que las sufragistas marcaban de la misma manera unas décadas antes. Esta Libra estaba dentro del British Museum porque aún se encuentran en curso, dando vueltas desde de que el IRA las pusiera a circular hace unos 10 años. Ahora, en el 2014, la institución museística reconoce su existencia pero no como un objeto histórico sino como un objeto subversivo. El museo es un lugar donde todo tiene cabida y donde, si algo es colocado, queda subsumido bajo su lógica. Podemos decir que lo que se encuentra dentro de los muros del museo es todo lo que la institución museística desee, eso sí, bajo la lectura que le imponga. O lo que es lo mismo, el museo es una cuestión de autoridad porque es una cuestión de historia, y como bien reza el mural de la entrada: la historia es un arma. Oliver Wainwright, redactor de The Guardian, se mostraba muy sorprendido en su artículo sobre la exposición. Por lo visto el problema no reside únicamente en la ideología de estos objetos si no en su aspecto:

“Una maltratada tapa de sartén se encuentra junto a una taza de té impresa, al rededor otros cachivaches que parecen más el tipo de cosas que encontrar en un mercadillo más que expuestos para ser vistos en un museo nacional.”

Tapa de una cacerola empleada en las protestas del 2001 en Argentina, colocada dentro de la vitrina de la exposición.
Honda palestina confeccionada en el 2001 durante la segunda Intifada.

Evidentemente este periodista no debería escribir sobre museos, arte o cultura en general, pero nos deja claro que es lo que se espera ver en un museo, y más aún, en un MUSEO NACIONAL: objeto bonitos, valiosos y, por lo tanto, caros. En todas sus declaraciones los comisarios han hecho gran hincapié en el hecho de que la muestra nos acerca una colección de piezas cuya carga social no ha sido nunca antes mostrada, y por lo tanto legitimada, por la institución museística. Pero ¿realmente estos útiles necesitan ser reconocidos por una institución que los reduce a adornos de pared?, ¿realmente necesitan la aprobación de un gobierno, sea éste cual sea?, ¿acaso una revolución necesita ser aprobada para existir? Desgraciadamente esta exposición no pretende hacer de los objetos algo más que piezas decorativas, por eso están colocadas delicadamente dentro de sus vitrinas donde nadie las puede tocar y donde ya no se puede entender su utilidad. A lo largo de un pasillo por donde pasear lentamente, contemplando. La realidad es que ni estos objetos ni sus revoluciones necesitan de las piadosas manos del museo que, ahora, haciendo una excepción, los recoge, clasifica, organiza y finalmente cosifica mostrándonoslos, después, como piezas de valor artístico. Estos cachivaches de mercadillo no necesitaban una cara empresa de transporte de obras de arte y cajas de madera a su medida que las protejan. Y sobre todo, estas revoluciones no necesitaban del reconocimiento del Reino Unido para existir, de un gobierno que ha tomado, y toma, parte activa en muchas de ellas. ¿Irá esa honda de vuelta a Palestina en una caja de transporte especial y la recibirá aquel que lanzaba con ella piedras a los tanques?

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Honda palestina confeccionada en el 2001 durante la segunda Intifada.
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Tapa de una cacerola empleada en las protestas del 2001 en Argentina, colocada dentro de la vitrina de la exposición.

 

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GraffitiWriter de appliedautonomy.com

 

Hay algo aún más peligroso, lo que realmente me atormenta es pensar en el efecto que esta exposición puede tener en la lectura política que hacemos de esos objetos, y por extensión, de las revoluciones. ¿Qué ocurre al ver estos objetos desobedientes dentro de una muy obediente vitrina de cristal? Al verlos bajo las lógicas expositivas del museo y de la conservación y la restauración. ¿Qué ocurre, ahora en 2014, al ver esa honda de la intifada del 2001, dentro de un museo nacional en Londres, capital del Reino Unido?, ¿qué realidades están siendo afectadas? Estos objetos contienen ideología, son objetos creados para ayudar a los movimientos sociales a subvertir el poder porque tienen la capacidad intrínseca de poder hacerlo. Son la potencia de un colectivo, hecha objeto, de no reconocer ni legitimar un orden o un status quo y proponer otro. O lo que es lo mismo, de negar la lógica de un museo o de un gobierno porque han sido creados dentro de un orden ideológico diferente. Con esta exposición el museo los ha declarado como desobedientes. Con una sola palabra esta exposición los ha arrancado del sistema de utopía bajo el que fueron creados y los ha absorbido dentro del sistema de leyes que conocemos, reduciéndolos a pequeñas muestras de rebeldía a meros objetos que no hacen lo que las normas (sus normas) les dictan. Este pequeño gesto, pequeño capricho lingüístico, ha dejado anulada toda la potencia que estaba contenida en ellos, toda capacidad de insurgencia, de proponer un sistema nuevo de ideas, porque ahora pertenecen al que conocemos. Frente a esto, los comisarios se postulan como abanderados de mostrar y hacer llegar unas realidades que, sin embargo, dejan radicalmente subsumidas por algo superior y mucho más poderoso.

Bien es cierto que hacer visibles las cosas, nunca está de más. Hacer llegar ideas de resistencia y de utopía siempre es algo positivo, ideas de comunidad. Habría que preguntarse (como ya hacen algunos museos y comisarios) si acaso el museo y sus modos es la mejor manera para llegar a todo el mundo o, por ejemplo, twitter, es más poderoso. Como decíamos, aquí hay oculto un movimiento peligroso, la existencia de estos objetos ha quedado legitimada por un poder (de UK en concreto) que no reconoce su causa sino como algo a reprimir. De repente, ha declarado cuál es la ley y como son las desobediencias que han de ser castigadas. Objetos pensados para deslegitimizar y repensar los modelos de autoridad de nuestro siglo son ahora resignificados por esa mirada contra la que luchan. La mirada del poder que ellos mismos no reconocen (No nos representan decíamos en Madrid) ahora los mira sonriendo, de medio lado, poniendo en evidencia cómo funcionan las cosas. Estos objetos han ido al museo a asumir una verdad terrorífica y a rellenar las vitrinas en el periodo de vacaciones. Han acudido al V&A a modificar su función y perder su ideología. A asumir como propio un orden bajo el que no fueron creados. Los objetos son objetos, no son desobedientes per se, necesitan de una revolución, de una acción real, para ser activados. Una revolución que no tiene cabida en un museo ni en un gobierno. Parece que las revoluciones son trending topic en occidente pero solo como objeto decorativo. Se venderán muchos catálogos y postales y el V&A hará muy buena fama con esto. Eso sí, al menos la exposición era gratis. Nadie tiene aun que pagar para ver los objetos que se han producido para la lucha de las libertades sociales.

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Londres, 2010. Escudos con la forma de libros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Barcelona, 2012
Barcelona, 2012

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Capitalism is Crisis” Pancarta en Occupy London
“Capitalism is Crisis” Pancarta en Occupy London

 

 

 

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