Diego Delas / En la distracción

Diego Delas “En la distracción”

Sábado, 23/Mayo/2015
Sábado, 25/Julio/2015

F2 Galería

Doctor Fourquet, 28, Madrid

Martes – Viernes de 10:00 a 20:00 h.

Sábados de 11:00 a 14:30 h.

 

Entrevistamos a Diego Delas (Aranda de Duero, España, 1983) con motivo de su primera individual en la galería F2, en Madrid. La exposición se ha titulado acertadamente “en la distracción” y es que ésta se presenta como un escenario de ficción en el que aterrizamos tras haber tomado un desvío en el camino alejándonos de la atención específica. Nos recreamos en el estado flotante y concreto de la absorción en el que los objetos se alinean momentáneamente (estados intermedios) ligados por conexiones intuitivas, lúdicas o absurdas, que nos proponen mirar las cosas de una manera diferente.

 

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1. “En la distracción” ha sido el título que has escogido para la muestra que podemos ver ahora en la galería F2 de Madrid. La distracción, como vía alternativa para aprehender la realidad, me hace pensar en las figuras de la absorción de Chardin, ese proceso de aprendizaje a través del cuerpo, el juego y la intuición. El arte podría ser una de esas vías alternativas. En tu caso, ¿cómo lo definirías en relación a tu práctica?

Quizás haya tomado esta idea de “distracción” como una línea en común entre el quehacer diario y la práctica en el estudio. Esta idea apunta más bien hacia un ensimismamiento, hacia un viaje silencioso y de rápidas asociaciones de ideas que ocurre dentro pero empieza fuera, por así decirlo. En esto se acercaría a la absorción, a un estado en el que nos perdemos (tract es raíz tanto para camino como para tratado) y en el que abandonamos el camino, lo conocido para aprender cosas nuevas. Es esta sucesión de imágenes que nos llevan lejos sin movernos y que luego, al caer en la cuenta del despiste, recorremos marcha atrás, rastreando el inicio de la deriva: esto del en qué estaba pensando yo y que hace que de una forma consciente ya, persigamos, (o sigamos) el hilo del enredo.

Pero claro, por otra parte, al armar y preparar la exposición pensé que en toda ficción el escenario puede tener igualmente un papel y que quizás, aunque fuera de una manera ingenua, se podría pensar que este espacio blanco de la galería -que se mira igualmente a sí mismo, silencioso, donde atendemos a cosas de una manera introspectiva-, podría acercarse a una especie de vacío: la niebla que envuelve como escenario en el que te adentras. Y de ahí que la exposición remitiera a una idea de un lugar y un estado a la vez. Estar dentro de una distracción es, para mi, un proceso donde se suceden imágenes que están relacionadas pero de una manera sólo intuitiva, con una lógica extraña y ligera. Un sitio donde las cosas más remotas se dan la mano  y lo sagrado y lo lúdico poseen la misma voz y urden un paseo. Es curioso pero pensar, pasear, salirse del camino (dis-tract) y aprender por la tangente son cosas terriblemente relacionadas. Relaciones que intento que ocurran también en la exposición: entramos en una alineación de palabras y de cosas, un lugar donde se almacenan imágenes y por las que avanzamos para acabar viendo en -último lugar- lo primero que se ve al abrir la puerta: una carabina, una escopeta hecha con palos y cuerdas.

 

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 2. Cada muestra o instalación parece aunar diferentes disciplinas y mostrar pasos de diversos procesos, hasta el punto de que muchas de las piezas parecen trasladar el estudio a la sala de exposiciones (ejemplo de la pieza principal)… de ahí ¿se podría extraer una declaración de intenciones del arte como proceso, como tanteo, como experimentación o como laboratorio?

Sin duda. Al fin y al cabo, toda estas pequeñas instalaciones, acumulaciones de objetos son variaciones y acercamientos entre cosas (objetos, palabras de un modo u otro) que en el estudio se suceden de continuo. Lo que vemos en la galería son sólo uno de esos estados intermedios. Es curioso cómo todas estas piezas tienen una vida tan diferente en el suelo del estudio, con distintas configuraciones y en donde se caen y a veces se rompen. Por ejemplo, se podría pensar que hay mucho de azar y de juego en todo el proceso y es cierto, pero a la par, hay un ejercicio de edición. Se toman fotografías instantáneas y se continua agrupando y acercando otras. Después de un tiempo, puede que se retorne a aquel alineamiento o a aquel otro pero es el suelo del estudio, una suerte de plancha de cera que recoge todos esos movimientos, materiales y rastros. De ahí la importancia de reconfigurarlo igualmente y hacer de este otra cosa, otra configuración: un mapa, o un cuerpo. Un hogar o una estufa cerámica que anima la casa, la estancia digamos, y hace que todo orbite a su alrededor y cobre –quizás- otro sentido. Entonces le ponemos nombre a estos apilamientos y apuntamos hacia otro sitio, igual que con el título de la exposición.

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3. Existe un elemento de teatralidad en tus exposiciones, casi a modo de puesta en escena donde las piezas juegan el papel de personajes dentro de una acción o incluso que funcionen como frases sueltas de un guión. ¿Podríamos hablar de un lenguaje de los objetos?

Sí, es posible. Para Borges, la magia viene de las palabras porque las palabras, animan a las cosas. Este nombrar como equivalente a dar ánima o poner en movimiento, activar lo encontramos igualmente en el pensamiento, palabra y omisión del catecismo católico. El hecho de enunciar algo es en parte ponerlo en resonancia, en movimiento. Igualmente me viene a la cabeza la idea de conjuro como un alineamiento de palabras y en el fondo de todo esta práctica que pareciera intuitiva hay una lógica quizás relacionada con un tipo de magia simpática o imitativa. Esta establece que las cosas que entran en contacto, transfieren sus propiedades, y que las cosas que estuvieron en contacto, continúan relacionadas, conectadas. Todo esto está en nuestra comprensión del mundo, cómo lo pensamos y nombramos. Considero que los objetos tienen una carga simbólica muy fuerte, y más aún cuando, hasta hace bien poco, las cosas, los objetos y posesiones, nos sobrevivían. Y al entrar a las casas de otros, repletas de objetos viejos, podría uno imaginar de continuo un sinfín de sucesos, relatos y relaciones entre el muerto y esas cosas quietas que, desde una estantería polvorienta nos interpelan, poderosas.

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4. Algunas de las piezas encierran un aparente carácter de ritual, chamánico-simbólico, bodegones contemporáneos a modo de altarcitos, … etc ¿Me podrías hablar un poco más de ello?

Quizás más que altares, sea más sencillo pensar en la idea de mojones: ciertos marcadores del territorio, de los caminos, como cuando subes una montaña y las sendas se marcan con piedras acumuladas las unas sobre las otras. Entonces se apilaban para marcar un punto en el espacio y mucho antes, enterramientos, límites entre zonas, lugares a reconocer o como fuere. Y si las palabras animan a las cosas, podemos imaginar una suerte de sintaxis donde estas cosas, estas palabras, se van alineando, entrando en contacto y contaminando para marcar no ya un punto en el espacio sino quizás uno en el tiempo, a modo de baliza. Y aquí es donde entran en importancia los materiales y las cosas, de nuevo. Supongo que cuando reconstruimos o revisitamos otro tiempo -lo suficientemente cercano pero que no necesariamente hemos vivido, una suerte de estilo indirecto o de poner como propias palabras de otros- se mezclan tres cosas: algo veraz, algo imaginado y un último totalmente ajeno a estos dos, algo que refuerza la idea de escena y que cimienta ambos.

En cuanto a los rituales y lo simbólico pues cierto es que está del todo relacionado; por ejemplo: con esta idea del hacer para recordar –revisitar- hice una serie de artefactos, objetos que funcionaban como réplicas, respuestas a costumbres que me quedaban más o menos cerca, y que de alguna manera me tocaban; el resultado fue cuanto menos extraño. Estos objetos tenían una familiaridad alucinante y a la par funcionaban como símbolos sin dejar de ser remotos y ajenos a mi día a día: una mano hecha con miga de pan o cera de abeja y unos zapatos de cartón que apuntaban cada uno hacia otro tiempo y otras maneras de hacer, pensar, proceder.

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5. El equilibrio, la fragilidad, la tensión, la construcción y destrucción están muy presentes en algunos de tus trabajos. ¿Qué te interesa de ello?

Supongo que tiene que ver con todos estos procesos de prueba/error, con la práctica en el estudio y con esta suerte de sintaxis, de alinear palabras, cosas. Todos estos fragmentos en equilibro poseen una mayor fragilidad, tensión y precariedad en el proceso que cuando salen, terminados en teoría, pero hablan de una forma de hacer, de tantear. Antes decía que estas cosas se caen, se rompen, se manchan pero creo de veras que esto es lo interesante: todas las configuraciones y posibilidades; estados intermedios que se suceden hasta que abandonan el estudio. Se exhiben y regresan; me gusta pensar que volverán a reconfigurarse de nuevo y esto se me hace importante, esta progresión del remezclar y continuar probando, incluso deshacer obra y reutilizarla en nuevas instalaciones.

 

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6. Me intrigan especialmente las dos piezas sobre tela, ¿me podrías hablar un poco más sobre su proceso de realización y sobre las imágenes que muestran?

Por esto de alinear ideas que se relacionan sólo de una manera tangencial, de revisitar maneras de hacer y reconstruir, elaboré una serie de postales en las que, con imágenes de archivo, de museos y otras de blogs de gente de los pueblos -donde subían fotografías de las fiestas populares-, superponiendo y  pegando unas sobre otras y añadiendo fragmentos de terceras, con cola de cartelería y papel mojado; esto hacía que parecieran un único elemento, extraño y viejo: ajado. No lo era. Claro, estas imágenes que después escanee, me interesaban más como objeto que como documento y traté de hacer una suerte de pendones, como los que sacan en procesión, o telas que pudieran colgar, con cierto peso, presencia. Con un proceso textil sobre twill de algodón inglés se imprimieron a gran escala dos de estas y en la exposición aparecen clavadas sobre un listón de madera cepillada. Esto es importante porque aunque sea una impresión sobre tela, el procesado textil demandaba que se pusieran al vapor, se lavaran numerosas veces a mano y se secaran extendidas y manualmente (de nuevo una cierta idea de labor). En una de las imágenes, por ejemplo, se superponen unas fiestas de los pueblos en el norte de Castilla en los cincuenta con un exvoto de apenas 3.5 cm en hueso de jabalí que guarda el Museo Británico y como digo es el encuentro de estas ideas, la alineación de ambas en una nueva cosa, con su propio peso y material que apunta a otro tiempo lo que me interesaba, más que las imágenes de archivo en sí mismas, la reconstrucción o la impostura, que al fin y al cabo es lo que es, un juego de posibles.

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@Todas las imágenes cortesía de la galería F2

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