A CREED LE GUSTAN LAS COSAS BONITAS

ENGLISH VERSION BELOW

 

Martin Creed. What´s the point of it?

Hayward Gallery, Southbank Centre, London

Wed 29 Jan 2014 – Mon 5 May 2014

Vista de la exposición

Hoy escribo esta reseña sobre una exposición que ya debería haber terminado, pero que ha sido prorrogada hasta el 5 de Mayo aquí, en Londres. Desde comienzos de Febrero, Martin Creed expone en el Southbank Centre su mayor retrospectiva hasta la fecha bajo el título: What´s the point of it? Creed fue ganador del Turner Prize en el 2001 por aquella instalación en la que se nos mostraba una habitación completamente vacía donde las luces se apagaban y encendían incesantemente. Con aquella obra, Work No. 227: The lights going on and off, Creed dejaba al espectador desamparado y expuesto a la oscuridad. Nada había allí a excepción de la presencia o ausencia de las luces. Aquellos neones estaban encargados de mostrarnos, rítmicamente, lo que había que ver: el propio espacio expositivo, la misma sala-contenedor y los otros, que miran. Esta pieza también está presente en esta retrospectiva, y a pesar de que una pequeña cantidad de obras de Creed parecen indagar en torno a la frustración de la mirada del espectador (por ejemplo Work No. 1697, 2013. Ladrillo y mortero, Work No. 990. Una cortina abriéndose y cerrándose), en esta muestra podemos comprobar que su preocupación principal parece más bien todo lo contrario. Dentro de la Hayward Gallery hay muchas cosas para ver. Muchísimas. Creed es un gran productor. Un productor de cantidades. Y en cada sala hay de todo, pinturas, dibujos, neones, textos, murales…

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Martin Creed: Work No.79 and Work No.88

 

De una retrospectiva es de esperar poder ver la evolución de un artista a lo largo de los años. En este caso es imposible no comprobar cómo sus trabajos no tienen ninguna relación unos con otros. Desde pilas de sillas o cajas, experimentos con pequeños gestos (como el famoso blu tack o la bola de papel arrugado), el sonido amplificado de una flatulencia, neones espectaculares, muchas pinturas que parecen hechas por casualidad… No parece que su obra tenga coherencia y se deba a un proceso de exploración constante. Resulta, más bien, un compendio de pequeños juegos realizados por azar o aburrimiento, que responden a deseos totalmente diferentes unos de otros. Lamentablemente, esta retrospectiva sirve para constatar cómo la obra de Creed no nos lleva a ninguna parte. Él mismo dijo, “las galerías de arte me resultan sospechosas. Son lugares bonitos donde todo puede verse bien hasta un cierto punto”. La obra de Creed ha intentando debatirse en una fina línea entre lo que es estúpido y lo que solo parece estúpido. Nunca dejando claro si está reduciendo el arte a la pura anécdota y si, además, ésta está vacía de todo contenido. A Creed le gusta apilar cosas, le gusta ordenarlas por tamaños y por formas, le gusta que todo sea muy bonito, tal y como son las galerías de arte. Desde la Hayward Gallery nos insisten en que Creed ha conseguido crear “sorprendentes meditaciones sobre la existencia y las estructuras invisibles que dan forma a nuestras vidas” y que “ha seguido una trayectoria extraordinaria confundiendo las categorías tradicionales del arte”. Sin embargo, sus objetos-juego no plantean ningún reto a aquel que los mira y desde luego no pone en crisis los lenguajes más tradicionales del arte.

A lo largo del siglo XX el arte se ha preocupado por luchar con las limitaciones impuestas al cuerpo a través de la mirada. Creed, con su obra, consigue olvidar todo ese esfuerzo, enterrándolo bajo una infinidad de anécdotas irrelevantes agradables al ojo. Nos muestra un minimalismo que se ha vuelto imbécil y una colección de argumentos ya usados en el arte que, ahora reutilizados, no tienen ningún sentido. Su trabajo es, en realidad, una obra que hace presente el arte en su estadio más conservador: como un objeto de decoración.

Martin Creed: Work No.629

CREED LIKES BEAUTIFUL THINGS

 

Martin Creed. What´s the point of it?

Hayward Gallery, Southbank Centre, London

Wed 29 Jan 2014 – Mon 5 May 2014

 

I am writing this review about an exhibition that should have been finished but has been extended until May 5th. Since early february, Martin Creed presents at the Southbank centre the largest retrospective to date under the title: What’s the point of it? Creed was the winner of the Turner Prize in 2001 for this installation in which he showed us a completely empty room where the lights went constantly on and off. With that work, Work No. 227: The lights going on and off, Creed left the spectator helpless and exposed to darkness. Nothing was there but the presence or absence of lights. Those Neons were in charge of showing rhythmically what was to see: the exhibition space, the room-container and the others, gazing. This installation is also present in this retrospective, and although a small amount of Creed‘s works seem to think about the frustration of the viewer (for example Work No. 1697, 2013. Brick and mortar or Work No. 990. A curtain opening and closing), in this show we can see that their main concern seems quite the opposite. Inside the Hayward Gallery there are many things to see. Quite a lot. Creed is a great producer. A producer of quantities. In each room there is everything, paintings, drawings, neon, text, wall…

 

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Martin Creed: Work No.79 and Work No.88

 

In a retrospective we can expect to see the evolution of an artist over the years. In this case it is impossible not to see how their jobs have no relationship with each other. From stacks of chairs or boxes, experiments with small gestures ( like the famous blu tack or the crumpled paper ball), the amplified sound of a flatulence, spectacular neon lights, ​​many paintings that seem accidentally made… Does not looks like his work has coherence and is due to a process of constant exploration. It seems more like a collection of small games made by chance or boredom, that match totally different desires from each other. Unfortunately, this retrospective serves me to confirm how Creed’s work is getting us to nowhere. He said, “I’m suspicious of art galleries. They are beautiful places that look good, anything can look good in a gallery to an extent.” Creed’s Art works has tried to be debated in between a fine line: what is stupid and what just looks stupid. Never making it clear he is if reducing art to pure anecdote and if, moreover, it is one empty of all content. Creed likes to pile things, to sort them by sizes and shapes, He likes beautiful things, just as art galleries are. However, Hayward Gallery insists that Creed has created “surprising meditations on existence and the invisible structures that shape our lives” and that he “has pursued an extraordinary path by confounding the traditional categories of art.” But his objects-game do not give any challenge to anyone who looks at them and certainly, not puts a strain on the more traditional art languages.

Throughout the twentieth century art has been concerned to fight the limitations imposed to the body through the eyes. Creed, with his work, forget all that effort, burying it under a myriad of irrelevant anecdotes pleasing to the eye. He shows us a minimalism that has become imbecile and a collection of arguments already used in the art, which reused, makes no sense. His work is, in fact, a work that makes art present in its most conservative stage: as an object of decoration.

 

Martin Creed: Work No.629

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