El olor a vísceras. Javier Marquerie Thomas

Por Cristina Anglada

 

El Olor a Vísceras es el título de la primera individual del artista Javier Marquerie Thomas en Madrid. La exposición de fotografías en la Galería Cero forma parte del festival off de esta edición de PHE 2012 y se completó el pasado viernes 29 con la segunda parte de la propuesta: Contraplano, una performance en el espacio unonueve que cuenta además con la colaboración sonora de Pablo A. Padilla Jargstorf .

Marquerie suele trabajar en series. Ésta de ahora la reconoce circunstancial, con la cual, de alguna manera ha roto su autoimposición maniática de seguir fórmulas fijas de actuación a la hora de proceder y plantear proyectos y se ha dejado guiar más por la intuición. No sólo es la primera serie donde en cierto modo se arriesga a un pequeño cambio, sino que ejecuta cierta variación dentro de las bases que conforman uno de los denominadores comunes en su propio trabajo: el documentar su recuerdo a través de los paisajes de su infancia.

En este caso, no se trata de recrearse en el pasado, sino de centrarse en el presente continuo, deleitándose con su dilatación o incluso aparente detenimiento. Se trata de una serie concebida durante su estancia en Londres, por lo que sin tener cerca aquellos paisajes de su infancia, decide cambiar de tornas (la necesidad hecha virtud), construyendo paisajes en su propio salón, convertido en estudio y laboratorio donde experimentó a partir de mantas y una máquina de humo (entre lo que se tiene a mano y uno de sus recursos fetiche). Con estas “construcciones” en casa comenzó a recrear de manera ambigua el recuerdo de otros paisajes. Resultado de ellos son estas imágenes, que son pensamiento poético, en el limbo entre el ensueño, el recuerdo y la formalización del propio concepto.

En esta serie es donde mejor se ve su tendencia hacia la imagen fotográfica como creación, construcción y escenografía, en cierto modo alejándose de la práctica fotográfica entendida como documento o apresamiento del instante decisivo que asentó Cartier Bresson. Moviéndose entre el documento y la ficción, este trabajo puede situarse cercano a maneras practicadas por autores como Lorca DiCorcia o incluso Thomas Demand.

La performance se tituló El olor a vísceras: Contraplano. Sin embargo es quizás su título en inglés (para la misma performance realizada tiempo atrás en Londres) -Off Camera- la que resulta más fiel a la razón de ser de la misma con respecto a la serie total. Como reconoció el autor, las poesías llevadas a la performance serían algo así como la intención por verbalizar lo oculto, lo privado, lo íntimo, lo que permanece detrás, fuera de cámara y a la vez lo que sostiene lo que sí se ve. En este caso, las propias fotografías, que serían algo así como su resultado visual, el producto de esa búsqueda e intención.

Como bien cuenta él, la exposición de las fotografías permiten -dada su ambigüedad-, una apertura en el ejercicio de la interpretación por parte de los públicos, los cuales podrían proyectar sobre esas imagenes, las suyas propias. Sin embargo, Contraplano supone la acción performática de una interpretación de las poesías recitadas, las cuales nos llevan directamente a la visión propia, privada y única del autor. El hecho de separarlas en dos partes en espacios y tiempos diferentes, es algo no solo buscado sino que responde a una justificación maravillosa: proponer dos caminos de entender la obra, la serie como circuito cerrado conteniendo a la vez lo concreto y lo universal.

Y es que esta serie responde a un juego de equilibrios y tensiones constantes, entre el afuera y el adentro, el documento y la ficción, el recuerdo y la realidad, lo privado y lo público, lo estático y el movimiento. También es evidente el equilibrio conseguido entre la abstracción, el simbolismo y el concepto. La combinación de elementos que forman la serie conforman a su vez paso a paso el proceso de aprehensión, poetización, conceptualización y sobre todo enfriamiento de un sentir visceral, mostrándolo al final bajo lo impoluto. Formalmente empareja bien con aquellas tendencias que enraízan de una manera u otra en lo visceral e intenso: los extremos que cruzan de norte a sur; del romanticismo nórdico a la escuela española, dándole la mano a Caravaggio y su uso dramático de la luz.


 

 

A continuación incluimos una entrevista realizada al autor:

1. ¿de dónde viene el título? ¿cómo huelen las vísceras? El olor a vísceras es un título que tiene varios sentidos. En el proyecto, tanto en las fotografías como en los poemas, trato de exteriorizar algo que está oculto. Sea una intimidad real de mi vida cotidiana o una concienciación de lo infinito; confusión de escalas del tiempo y el espacio. En cualquier caso son cosas indirectas y poco tangibles. El olor a vísceras no lo conocemos, nuestros órganos están cubiertos en nuestro ser, y al igual que el infinito, desde nuestra perspectiva humana, desde nuestra vitalidad, solo podemos imaginárnoslo: su olor, la caótica anatomía … También se habla de lo visceral cuando nos referimos a las sensaciones. Creo que es un proyecto muy visceral, el más personal que he hecho hasta ahora. Y de ahí las vísceras y su idiosincrasia: lo desconocido y lo tremendamente esencial y emotivo.

2. Sueles trabajar en series ¿Cual fue la motivación que dio comienzo a ésta? ¿Me puedes contar cómo nace The Smell of viscera en concreto y qué es exactamente lo que persigues con ella? Este proyecto nace ante una frustración. Antes siempre había partido de los paisajes de mi pasado, de los paisajes que actuaron como escenarios de mi biografía. Me fui a Londres a hacer un master de fotografía y me propuse (me obligué) a realizar un proyecto ahí, en esa ciudad tan hostil. Me costó mucho arrancar ya que no sabia por donde pillarla. Comencé haciendo retratos de mis amigos, de sus casas y sus escenarios. En paralelo fui tomando fotografías de camas. Siempre manteniendo todo en interiores. Para mucha gente Londres es una ciudad de paso, la gente va y viene y es difícil atar cabos. Después casi tres años ahí sigo sintiendo que estoy de paso. En aquel momento los escenarios que me pertenecían eran mi casa, la universidad, el trabajo… Al final acabé haciendo el proyecto entero en mi piso. Las fotos de camas evolucionaron a ser paisajes montañosos que construía con telas y una maquina de humo, y los retratos acabé haciéndolos todos en la intimidad de mi salón. Ya no vivo en ese piso, fue mi escenario por un momento y me quedo con este proyecto como recuerdo. Así que, de algún modo, tiene una gran relación con el resto de mi obra. Solo que estos paisajes y retratos fueron concebidos ante una frustración de no pertenecer. Con esto no quiero decir que no me guste Londres como ciudad, es una pasada, simplemente no me siento en casa. Paralelamente en el master estuve investigando acerca del infinito para mi tesina, y de ahí mi interés por la confusión de escalas, por la incertidumbre que supone un intento de comprender el infinito, cosa que creo que resulta bastante patente en las fotografías. A todo esto, hablo de donde nace el proyecto, pero no es un trabajo que hable de un lugar. Transciende cualquier atadura a un espacio civil. El olor a vísceras habla de la humanidad, esencialmente sobre la vida, sin más. Miro desde un punto concreto hacia el interior de mis entrañas y observo el mundo desde ahí. Puede que suene un tópico, pero es la visión romántica que tengo con este trabajo.

3. ¿Qué es para ti la intensidad? No me atrevo a definir exactamente lo que és, pero soy consciente de que lo soy y que mi trabajo lo es, cosa que reconozco que me hace inseguro, pudoroso. Pero creo que si me sintiese completamente seguro con mi trabajo, si no sintiese pudor, no sería honesto. La intensidad en mi caso es acertada, es la esfera donde mejor trabajo.

4. En tu trabajo es muy común acercarte al género del paisaje, ya sea de tipo poético, imaginario, real, documentado o escenografiado. Sin embargo todos los defines como “mis paisajes, los que me pertenecen, a los que yo pertenezco”. Parece que actúan más de contenedor de otra cosa, tuya. ¿por qué el paisaje? Creo que mi interés por el paisaje nace de forma circunstancial ya que me crié en una casa en el campo. Y es donde más cómodo me siento fotografiando. Cuando fotografío paisajes, sea en el campo, en un parque o en el salón de mi casa, me siento muy a gusto, muy reflexivo. El momento de hacer paisajes es el momento más contemplativo y sereno en mi proceso de trabajo. Puedo llegar a ser bastante neurótico con mis proyectos, pero con los paisajes me tranquilizo. También me interesa mucho la composición que proporcionan, el tipo de paisajes que busco suelen ser muy puros, con horizontes definidos y volúmenes limpios. Creo que se acercan bastante a una visión congénita del ojo humano: un horizonte primario y sencillo.

5. Del montaje me interesa, como dice Dalmau, esa disposición que has realizado en la Galería Cero de las imágenes, la cual que parece guiarse o responder a una “una estructura musical de sonidos y (sobre todo) de silencios”. ¿Cómo llegaste a tal disposición? Una fotografía muestra una única perspectiva, es un fragmento, un objeto. La secuencia de paisajes y retratos denota una continuidad que a manera de rupturas visuales, se fracciona al hacer que coincidan los horizontes, creando esa ‘harmonía’ visual. Por un lado se acentúan las imperfecciones de encuadre, mostrando horizontes desiguales, y por otro se rectifican. Ahora en esta secuencia, que a primera vista puede parecer aleatoria, los horizontes coinciden y los paisajes resultan certeros, y son las reproducciones – los objetos – los que no coinciden. En la secuencia se niegan los encuadres (me gusta pensar que de manera un poco rebelde) y se insiste con un ritmo continuo que se haya en lo fotografiado y no en las fotografías.

6. Parece que en esta serie, la parte poético-escrita asume un rol protagonista a través de la performance que presentaste el día 29 y que será incluida en la exposición en forma de vídeo. ¿seguirás esta dirección? ¿te resulta incompleto trabajar exclusivamente con la fotografía como medio? Al igual que los paisajes en mi practica fotográfica, la poesía y posteriormente la performance surgieron de forma intuitiva. Los poemas los comencé a escribir a modo de diario, intentando verbalizar lo que en las imágenes que producía no lograba encontrar. Me sirvieron como herramienta de trabajo en mi proceso artístico y siempre han convivido de manera adyacente con las fotografias. Pero no fue hasta terminar con la serie fotográfica que decidí sacar ese “contraplano” a la luz. Fue entonces cuando me di cuenta que los poemas eran una parte muy importante del trabajo. La performance la hice en poco tiempo, en cuestión de un par de semanas ensayando estaba lista, mientras que la parte fotográfica de El olor a vísceras me llevo dos años. Creo que fue un poco por reacción, al acabar quise hacer algo rápido y espontáneo y sin técnica ni aparatos de por medio, simplemente yo con un micro y un par de rollos de cinta gaffer. Fue muy liberador hacerlo, me resulto muy necesario, como una descarga de la acumulación de energía de dos años trabajando en lo mismo. Y ahora sigo escribiendo y, por supuesto, volveré a trabajar con lo escénico o performativo. Y creo que con el tiempo más y más, un sueño que tengo (desde pequeño) es dirigir una obra de teatro. Pero tiempo al tiempo.

7. ¿De qué manera dirías que te obsesiona el tiempo? Es un tema omnipresente en mi obra. Creo que es lo único a lo que siento que me puedo agarrar. Es lo único que puede perdurar infinitamente, si se acabase el mundo, si desapareciese lo material, el tiempo seguiría existiendo. Como digo en uno de los poemas del proyecto, “el tiempo es la religión civil”.A mi modo de ver (de enfrentarme a la vida), desde el intersticio que supone el ahora, pienso que tenemos que avanzar por el camino que marca la corriente, avispados y con entusiasmo. Las agujas de un reloj son de lo más ejemplar, tienen una trayectoria decisiva y optimista. Anticipan el futuro y conocen el pasado. En su ciclo de sesenta minutos, empiezan y terminan, nacen y mueren, olvidan y recuerdan.El optimismo es algo muy importante.

 



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