MÁS COPIAS

 

 

Policía, Daniel García Andujar. Watch the Watchers. http://issuu.com/musacmuseo/docs/radar_1_esp/1
Policía, Daniel García Andujar. Watch the Watchers. http://issuu.com/musacmuseo/docs/radar_1_esp/1

Como ya sabemos, con la revolución informática de las últimas décadas del S.XX, la información comenzó a ser procesada como datos informáticos. Hasta ese momento estaba inevitablemente vinculada a un formato determinado y, por lo tanto, al objeto (por ejemplo, en el caso de la imagen a la fotografía, la pintura, la ilustración etc.). Hemos visto como, con la llegada de Internet y la revolución de las redes de comunicación, se ha provocado un cambio radical en industrias como la música, el libro o la prensa escrita que, ante sus posibilidades de comunicación y distribución masivas, se han visto obligadas a generar nuevas políticas y técnicas. Como ya se ha dicho en repetidas ocasiones, Internet ha supuesto una manera revolucionaria de entender la información y su manera de intercambiarla, es decir, ha traído un nuevo sistema de valores. Ha implicado, por lo tanto, un cambio ontológico en nuestra manera de entender las políticas del compartir y del poner a disposición de los demás. Herramientas como las descargas directas, las redes P2P, los blogs, tumblrs… han hecho que la información sea de dominio público, y además, que cualquiera pueda compartir y reescribir los archivos. Hemos asimilado la información como archivo digital de fácil distribución y hemos comenzado a asumir el proceso creativo desligado de las dependencias anteriores. La información ha pasado a ser archivos informáticos en constante movimiento, nombrados y renombrados, innumerables veces compartidos, alterados y reescritos, que desafían las leyes de propiedad y los derechos de autor.

Policía, Daniel García Andujar. Watch the Watchers. http://issuu.com/musacmuseo/docs/radar_1_esp/1
Policía, Daniel García Andujar. Watch the Watchers. http://issuu.com/musacmuseo/docs/radar_1_esp/1

El debate sobre las repercusiones en las leyes de propiedad ha sido, y aún es, largo y aburrido, pero podríamos concluir que aquel sistema que conocíamos ya no es operativo. No podemos seguir empeñándonos en proteger y limitar el acceso a la información, porque nos guste o no, Internet, Youtube, las cámaras de nuestros móviles y una infinidad de recursos más nos han dado la posibilidad de hacer circular la información, verla de nuevo… y aún más, de escribir encima de ella, mutarla y devolverla transfigurada a la red. Frente a estas obsoletas economías proteccionistas se abren camino, cada vez defendidas por más usuarios, estrategias como las licencias Creative Commons, las prácticas colaborativas, el anticopyright, el Hazlo Tú Mism@, la apropiación de términos o de imágenes, las comunidades virtuales… todas basadas en la búsqueda de autonomía. Los archivos digitales y su distribución masiva en la red han hecho posible una economía alternativa, que existe paralela a las corrientes comerciales y que se mantiene gracias a los intercambios de archivos que circulan incesantes, y además, que conecta audiencias a lo largo de todo el mundo.

 

EL ARCHIVO DIGITAL

 

“la digitalización crea la ilusión de que ya no existe diferencia alguna entre el original y la copia, y que todo lo que tenemos son copias que se multiplican y circulan en las redes de información. Pero no puede haber copias sin original. La diferencia entre el original y la copia es eliminada en el caso de la digitalización solo por el hecho de que los datos originales son invisibles: ellos existen en el espacio invisible detrás de la imagen, dentro del ordenador”.

Boris Groys, Art Power. P 84

 

Como Groys defiende, en esta era de la digitalización los originales han pasado a ser datos que se encuentran en el interior del ordenador y que, además, nos son invisibles: solo interpretados para ser mostrados como imágenes, música, textos etc. Estos archivos digitales nos permiten realizar copias estructuralmente idénticas a sus originales, pero dentro de cuyos metadatos quedan registradas todas las acciones realizadas sobre ellos. Por eso, podríamos decir que sigue persistiendo la idea de original solo que ahora, tal y como Groys defiende, se trata de un original invisible a nuestros ojos.

 

En un proceso técnico de producción mecánica ya era posible, como indicó Benjamin, realizar una copia idéntica a su original. Benjamin planteaba la técnica como la manera de asegurar idénticos el original y la copia con la consiguiente perdida de la tan citada aura, lo que, siguiendo a Marcelo Expósito, supuso un cambio de estatuto: “la politización de una práctica del arte donde el arte y la obra ya no son un fin, sino un medio para la emancipación de la sociedad.”[1] La desaparición del aura supuso la ruptura con el ilusionismo que sometía al espectador, nos permitió entender la obra como un elemento material más, perteneciente a la técnica.

 

Lo digital nos ha dado la posibilidad de alterar el original mismo creando un derivado, una mutación de igual categoría que su original. Ya no solo se trata de crear una copia más o menos imperfecta, o de si sigue existiendo el archivo original. Si bien hubo un original alguna vez, ésto ya no importa, pues las genealogías son imprecisas y casi imposibles de rastrear. Ahora los usuarios tienen libre albedrío y aunque siga existiendo dicho original, al que podemos llegar rastreando los citados metadatos, ha perdido toda importancia frente a la posibilidad de poder manipular los archivos y devolverlos instantáneamente a la comunidad. Ahora, circulan libres por la red creando una economía alternativa y un corpus de datos al margen de los  controlados por los derechos de autor. Como decíamos, se ha creado una economía alternativa, paralela, capaz de crear una historia compartida por medio de vinculaciones anónimas y no gobernadas; basada en los afectos, capaz de crear movimientos de pensamiento y hasta de acción (como hemos podido ver en los recientes 15M, Occupy Wall Street y demás acciones sociales con una gran presencia en Internet). Se trata, como dijo Hito Steyerl al respecto de la imagen en Internet, de la recuperación de un potencial político: “la imagen, perdiendo su substancia visual recupera parte de su potencial político y crea un nuevo aura al rededor de ello. Este aura ya no esta basada en la permanencia del original, sino en la trascendencia de la copia. Ya no está anclada dentro de una esfera pública clásica mediada y apoyado por el marco del Estado-nación o de la sociedad, sino que flota en las superficies de las piscinas de datos temporales.”[2]

 

Este nuevo aura supone, otra vez, un cambio de estatuto en nuestros regímenes de comprensión. Basado, como decía Steyerl, en la trascendencia de la copia y en esa nueva economía de la que hablábamos. Los archivos digitales desafían el patrimonio, la cultura nacional y los derechos de autor, porque son algo que no puede ser controlado, sobre lo que no se puede ejercer un control comisarial, podríamos decir. Es información que se encuentra libre en los servidores. Permite que lo que es publicado en Internet permanezca en un constante movimiento, pudiendo ser revisitado. La información queda almacenada en las páginas de Internet y, por ejemplo, las conversaciones pueden retomarse después de años. Conecta personas en tiempo y espacios diferentes. Por lo tanto, tiene la capacidad de crear nuevas historias compartidas, nuevos relatos sujetos a lo aleatorio y permite rescatar la información de los tiempos inmóviles como el que impone, por ejemplo, el museo.

 

Hemos comenzado este texto hablando acerca de las industrias de la publicación en papel, de la música, del cine… de como se han visto afectadas por este cambio de paradigma, pero ¿que efecto está teniendo en el mundo del arte?, ¿como están los artistas y demás agentes del mundo de las artes visuales enfrentando este tránsito hacia esta nueva economía de producción?. Hace ya tiempo que todas estas figuras son figuras de cruce, no ligadas a una identidad concreta de artista, comisario o demás posibilidades. Esta es una premisa desde la que empezar a plantearse tal situación, que demarca la construcción de nuestra nueva subjetividad y que ya es un síntoma en sí mismo de como se esta aprehendiendo lo que desde Internet y estos nuevos modos de comportamiento se esta poniendo de manifiesto como necesario. Pero además, más allá de la producción destinada a galería (y por lo tanto a venta), negocio cerrado sobre sí mismo, están apareciendo nuevos modos de producción, de trabajo y de distribución. Trabajos que escapan del objeto y que, por lo tanto, necesitan ser distribuirlos y mostrados de otra manera. De entre las nuevas características, el formato, por ejemplo, se plantea como uno de los puntos de reflexión. Ha aparecido un interés por el proceso  frente a la obra final y el evento, así como nuevos tipos de proyectos que escapan de lo físico, o que lo emplean únicamente como una parte más de su desarrollo. Además, la facilidad de producción derivada de la reducción de costos y la distribución masiva que ahora nos es posible, hace que Internet tome una gran presencia como herramienta de archivo y registro. Estas nuevas posibilidades en el formato permiten, además, pensar en nuevos tipos de públicos, permitiendo definir la búsqueda del actual papel del arte. Esto no solo plantea riesgos para el sistema económico sobre el que ha venido sustentándose el mundo del arte, sino que fomenta una economía paralela y alternativa, generando una nueva valorización para la producción artística y, por lo tanto, un nuevo valor social para el arte.

 

 

 

 

 


[1] Expósito, Marcelo. Lecciones de historia: Walter Benjamin, productivista. En Coloquios “El arte en diálogo y tensión con las transformaciones sociales y culturales del mundo contemporáneo” Trienal de Santiago de Chile. 2009. p.17.

 

[2] Steyerl, H. (2009). In defense of the poor image. Eflux Journal Nº 10.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

LIBROS

– Groys, B. (2008). Art Power. de. Cambridge (Massachusetts). MIT Press.

– Benjamin, W. (1940) Tesis de filosofía de la historia. Traducción de Jesús Aguirre. Taurus, Madrid 1973.

 

ARTÍCULOS

– Steyerl, H. (2009). In defense of the poor image. Eflux Journal Nº 10. [Archivo digital, consultado en Agosto del 2012] < http://www.e-flux.com/journal/in-defense-of-the-poor-image/ >

– Expósito, Marcelo. (2009). Lecciones de historia: Walter Benjamin, productivista. En Coloquios “El arte en diálogo y tensión con las transformaciones sociales y culturales del mundo contemporáneo” Trienal de Santiago de Chile. [Archivo digital, consultado en Agosto del 2012] < www.marceloexposito.net >

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