Imágenes post-huelga: Ira Lombardía

La huelga ha terminado. Hace ya casi cuatro años que, decidida a romper con la “bulimia icónica”, la artista visual, investigadora y docente Ira Lombardía interrumpió la actualización de imágenes en su portfolio online. Lo que serían 1000 días de retiro visual se convirtieron en exactamente 1275.

Como un gesto poético y como un acto de rebeldía, este período simbolizó también un giro conceptual en su práctica artística. Su deserción temporal del mundo de “actualizaciones” no supuso obligatoriamente la interrupción de su producción. Interesada en verificar el papel mediatizador de las imágenes fotográficas en nuestra experiencia con el arte, la artista encuentra quizá en esta táctica algo que nos remite al vacío lleno de posibilidades, tan preciado para la tradición cultural japonesa, y que nada tiene que ver con una concepción occidental de improductividad. Todo lo contrario: en los últimos años, por ejemplo, ha participado en la Bienal de Liverpool (2014), expuesto en la Galería Moisés Perez de Albéniz en Madrid (2015) y participado de la residencia en La Fragua/The Forge Artist Residency en Córdoba (2015).

Más bien, estos días de reserva guardan una sutileza radical como la de la 28ª Bienal de São Paulo, la archiconocida “Bienal del Vacío”, cuyos espacios sin obras propuestos por el comisario Ivo Mesquita nos invitaban a un tiempo para pensar, recuperar la mirada y reinventar posibilidades. O nos reenvían a la célebre obra de Ryan Gander para la Documenta 13 (2012), I Need Some Meaning I Can Memorise (The Invisible Pull), en la que una ligera brisa atravesaba una de las grandes salas supuestamente vacías del Museo Fridericianum. Obra ésta que, aunque invisible e inmaterial, parece haber ocupado un lugar en la memoria sentimental de gran parte de la comunidad artística desde entonces – sirva como ejemplo la novela Kassel no invita a la lógica de Enrique Vila Matas – y que participa del precioso proyecto editorial And I think to myselffffffffff, what a wonderful worlllllllllld, producido por Lombardía en 2014.

Pero como hemos dicho, la huelga ha terminado. Hoy, la artista relanza su página web después de probar este potente “viaje al tiempo” – como definió en su día en el manifiesto I’m on strike. Y, como todo viajero solitario, ha vuelto y tiene mucho para contarnos.

28a. Bienal de São Paulo, 2008

 

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Ryan Gander, “I Need Some Meaning I Can Memorise ( The Invisible Pull)”, Documenta de Kassel 13, 2012.

 

“La verdad, es que hago muy pocas fotos”, asume la artista. Nada más coherente con una producción cuyos lema y temas residen en una incesante reflexión acerca del propio medio. “No necesito producir imágenes para pensar sobre imágenes”, completa. Entrar en su espacio de trabajo, ubicado en una (¿cómo no?) silenciosa calle del centro de Madrid, introduce ya la dimensión polivalente de su práctica: sus piezas, elegantemente dispuestas por el espacio, conviven en una rara armonía con libros de Adorno, Krauss, Benjamin, Baudrillard y Barthes. Una mezcla entre laboratorio fotográfico, despacho de filósofo y taller de artista, su estudio parece personificar la condición “multitask” de la artista. Curiosamente, uno no puede dejar de ver, al lado de una de sus mesas de trabajo, una impresión enmarcada que parece funcionar como chiste y como consigna: “POST-POST-POST”.

“Mi educación en un sentido visual ha sido absolutamente post-moderna. Y en un sentido teórico, post-estructuralista”, contextualiza esta asturiana, abogada de formación y que, afortunadamente, ha crecido en un ambiente familiar artístico. De hecho, confiesa que la cámara con la que más fotografías hizo era, en realidad, un juguete regalado por sus padres. Y como juguete, al simular la toma de una fotografía, hacía saltar un resorte con la cara de un payaso. “Me acuerdo de muchas imágenes hechas con esta cámara”, asegura Lombardía. Así, jugando con la técnica, remarca que la visibilidad no depende de su fijación en un soporte concreto. Se interesa más por la discusión sobre el cambio en las políticas de visualización, transmisión y creación de las imágenes actuales; que como las de su infancia pueden resultar inmateriales – aunque innegablemente existentes.

Desafiando la naturaleza mnemotécnica de la fotografía digital, la serie SD&CF expone en cajas de acrílico diferentes tarjetas SD que contienen registros de sus viajes por el mundo. Su número de imágenes, fecha y lugar de realización dan título a cada una de estas tarjetas de memorias, que ya no pueden volver a ser técnicamente activadas, puesto que ni la propia Lombardía puede ya recuperar sus archivos: no tiene sus copias – son imágenes que sólo sobreviven como recuerdos. Además de cuestionar nuestra dependencia de lo material y objetual en una era dónde paradójicamente creemos que todo se convierte en “nube”, la artista reinscribe este debate en el campo de lo autobiográfico: la pieza no deja de ser una huella, un vestigio que atestigua una experiencia de su autora y antigua propietaria. Antigua porque, al ser ofrecida al público de esta manera, extravasa su dimensión particular para ser capaz de contar la biografía de todos nosotros, haciendo estallar un mundo de imágenes – memorias, al fin y al cabo – en la mirada individual de cada espectador. La artista dona su memoria afectiva al público y plantea la cuestión básica de los que aman en tiempos de internet: “¿a quién pertenecen las imágenes?”

Ira Lombardía, “SD&CF”, Galeria Moises Perez de Albeniz, Madrid, 2015.

 

Lombardía tiene algo de delincuente. Con el arte hace teoría y con la teoría hace arte. Como artista visual, se declara apropiacionista. Como teórica, se aproxima a la filosofía con descaro, con cierta irreverencia. Con libertad y atrevimiento se permite enfrentar proyectos grandiosos como el ya citado And I think to myselffffffffff, what a wonderful worlllllllllld (2014), en el que “hackea” más de un centenar de páginas de las publicaciones oficiales de la Documenta de Kassel 13 para incluir una pieza de una artista ficticia. Bajo el pseudónimo de Alyce Kaplan, propone que un efecto de luz sobre una moqueta, hallado y fotografiado fortuitamente en uno de los espacios de exhibición de la ciudad alemana, sea una obra más en los catálogos. Recurre aquí al preciosismo y a la meticulosidad, trabajando durante dos años en colaboración con diseñadores gráficos, traductores y una encuadernadora, para introducir a la perfección una narrativa ficcional dentro de la lógica editorial del evento, proponiendo la fabulación como herramienta de incursión sobre la realidad.

Ira Lombardía, “And I think to mysellllllllllf, what a wonderful worlllllllllld”, Open Eye Gallery, Bienal de Liverpool, 2014.

 

Mientras Lombardía detalla el largo proceso de producción del proyecto, nos acompaña una Susan Sontag adormecida, cuyos ojos en el retrato colgado en una de las paredes del estudio han sido retocados por la artista, convirtiéndola así en la fotografía de un ser querido, íntimo y vulnerable – una amiga, una pariente, una amante. En esta serie Theoretical Rest, Lombardía le quita el pedestal de mito a diferentes filósofos con un gesto tan sencillo como el de cerrar sus ojos y hacerles dormir – la visión ocular, órgano de la perspectiva, vehículo del pensamiento racional da lugar al ensueño, la alucinación, la inconsciencia y el descanso.

Ira Lombardía, “Theoretical Rest”, Galeria Moises Perez de Albeniz, Madrid, 2015.

 

Ni el aséptico mantra del “minimal art” – “What you see is what you see” – se resiste a la capacidad de revisión e invención de la artista. En su exposición más reciente, “El fin de la lógica del índice”, en el Espacio Combo en Córdoba, avanza su investigación conceptual sobre lo fotográfico al encontrar en los errores y fallos tecnológicos de la fotografía amateur un lugar dónde ubicar una pequeña perversión de algunos de los cánones del arte moderno. Aludiendo a “Notas sobre el índice” de Rosalind Krauss, Lombardía revisa los archivos de videos y fotos acumulados en su móvil para preguntar: ¿qué sucede con la imagen fotográfica cuando pierde su referente?

En I see the darkness recupera un registro nocturno del cielo de Asturias en 2012 para fabricar un grande “billboard” dónde se evidencia la pérdida del carácter indiciario de este insólito paisaje, ofreciendo una imagen que se aproxima a los motivos pictóricos del expresionismo abstracto. Y en Nothing is what it is, otro paisaje anodino: el video de una pared de neones en un Leroy Merlin se convierte en un registro fallido, ya que los fluorescentes, con sus diferentes temperaturas de color, confunden el balance de blancos de la cámara, provocando interferencias y latidos en la imagen. El guiño a Dan Flavin se produce automáticamente, y en Interpretation Issues Lombardía trata de fotografiar las páginas de catálogos de este artista bajo la luz de lectura de la biblioteca del Museo Reina Sofía. De nuevo se generan imágenes disfuncionales, puesto que esta interferencia luminosa se convierte en un intruso en el encuadre, no solamente impidiendo la lectura adecuada sino también confundiendo la recepción de la obra por el espectador: ¿dónde termina la obra y empieza el error?

Ira Lombardía, “I see the darkness”, Espacio Combo, Córdoba, 2015.

 

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Ira Lombardía, “Nothing is what it is”, Espacio Combo, Córdoba, 2015.

 

Ira Lombardía, “Interpretation Issues”, Espacio Combo, Córdoba, 2015.

 

Si por un lado, el conjunto de obras de Lombardía desestabilizan las directrices formales de la mirada y desafían el estatuto de verdad de lo fotográfico, por otro, invitan a disfrutar de los valores simbólicos ocultos en esta red de signos. Corrompiendo la fría perspectiva minimalista, estas obras buscan lecturas dobles y miradas insospechadas, capaces de encontrar sentidos que se desprendan de los referentes.

Asimismo, sin negar la capacidad de las imágenes para fabricar emociones, sus piezas tampoco rechazan lo estético. Aunque repita algunas veces que “el arte va más allá del ojo”, la artista no se contradice al asumir la superficialidad como escenario propio de una discusión sobre el lenguaje. La cuidada factura de sus obras se justifica claramente en la elegancia del pensamiento teórico que la sostiene. La estrategia visual está al servicio de su argumentación, tan sensible como contundente.

Hoy, Ira Lombardía, artista visual, investigadora, docente y “delincuente” re-estrena su web. Queda por descubrir lo que ha visto esta artista, aislada en su estudio tras tantos días de viaje interior: sea bajo la luz de un fluorescente o de los párpados de un filósofo dormido.

 

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