Hedonismo crítico. Reinvención y reivindicación

Cartel Hedonismo crítico por ¥€$Si
Cartel Hedonismo crítico por ¥€$Si

Aproveché que tenía que acercarme a Barcelona por trabajo para hacer coincidir las reuniones con un evento que el equipo Palomar estaba conjurando para el 13 de marzo, Hedonismo Crítico, subtitulado reinvención y reivindicación. Invitados por Martín Manen para el ciclo de exposiciones “Cuando las líneas son tiempo” que está teniendo lugar en el Espai 13 de la Fundación Miró, R. Marcos Mota y Mariokissme quisieron aprovechar todos los recursos que una colaboración como esta podía ofrecerles para reunir una veintena de artistas de diferentes nacionalidades, generaciones y contextos en una fiesta que puedo decir con total seguridad marcará un antes y después en parte de las redes y comunidades queer del al menos el Estado Español. Días después del evento en mi muro de facebook aún aparecían mensajes de algunos de los performers participantes y de varios de los asistentes agradeciendo al equipo Palomar su empeño y cariño en que algo así sucediera, celebrando la posibilidad de que un encuentro como aquel hubiera tenido lugar, rememorando algunos de sus momentos más intensos y sobretodo constatando que la resaca que a todos nos había producido tal cantidad de emociones y deseos condensados en aquel día de crítica celebración se había instalado en nuestro cuerpo. Ayer mismo me encontré con Raisa Maudit y lo primero que me dijo al verme, aún tengo todo lo del domingo rondándome, no puedo dejar de pensar en ello, fue maravilloso, ¿no?, me ha dejado con una sensación incendiaria, como si todo estuviera a punto de estallar en cualquier momento… Los afectos son revolucionarios, y sí, después de Hedonismo crítico creo que todos aunque sigamos sintiéndonos igual de vulnerables también sentimos que estamos un poco menos solos. Algo pasó en el Teatro Hiroshima aquella tarde, después de 7 horas de performances, pinchadas, bailes, risas, besos, sustos, anos y demás, equipo Palomar y sus invitados nos constataron que nadie sabe no “lo que puede un cuerpo”, sino lo que pueden los cuerpos, así en plural: lxs cuerpxs.

Miguel Benlloch en Quien canta su mal espanta.
Miguel Benlloch en “Quien canta su mal espanta”.
Ramón Guimaraes y su Consumición gratuita.
Ramón Guimaraes y su “Consumición gratuita”.

Hay algo maravilloso en que Mario y Rafa apostasen y consiguieran celebrar su “exposición” fuera del cubo blanco de la Fundación Miró. Algo maravilloso no sólo porque rompieran de alguna manera la lógica del deseo del circuito del arte, donde parece que “los subalternos” necesitan del espacio institucional para poder legitimarse, dejarse seducir por sus mecanismo de auratización para volverse atractivos y así tener al menos alguna opción de sobrevivir en este obsceno campo de batalla. Maravilloso por este gesto que se despreocupa intencionadamente por figurar al lado de una firma institucional, pero también por el gesto de elegir sustituir como contenedor de las prácticas que invocaban la sala de exposiciones por un teatro. Que todo tuviera lugar en una sala de teatro sin escenario podría considerarse algo así como jugar en tu propia contra. El teatro siempre ha sido un espacio asociado a la impostura, lo postizo, lo sobreactuado y lo desmedido. Las culturas trans, travesti y queer han sido objeto de esa misma burla.La obsesiva fiscalización de la verdad del sexo y el género siempre se ha traducido en una violencia constante al cuerpo que elegía situarse fuera del opresivo binarismo esencialista, que elegía plantarse ante la falsedad del sexo, y como le dirán los otros sobreactuarse y no domesticarse. Si podemos hablar de algo así como un “arte queer” muchos críticos y comentaristas bien pensantes podrán decir que esas prácticas no son arte. De nuevo esta impugnación de falsedad, como si hubiera un arte verdadero per sé y no producido como poder de ejercer la verdad. Durante años y quizás siglos todo este no arte ha estado condenado a la muerte y al silencio, es un arte (de los) desaparecido(s), y por eso en tantas ocasiones estas prácticas artísticas se han visto acompañadas de tareas contrarqueológicas, manuales do it together de supervivencia y altas dosis de resistencia y pedagogía. El propio equipo Palomar lo comentaba en una entrevista, su espacio e siempre había tenido como una de sus tareas esta cuestión de pedagogizar el circuito, de no esperar a que se dieran las condiciones de posibilidad de fagocitación, sino de persistir hasta que fueran estas misma “prácticas desviadas” las que contaminases y desviasen al propio centro. Elegir el teatro como el lugar idóneo para llevar a cabo esta práctica de enunciación colectiva que fue Hedonismo crítico es un mecanismo de autoasignación radicalmente político, de ahí la reivindicación y reinvención. Una reinvención que no se presupone como una tabula rasa sino como una herencia transnacional y transtemporal, como un torbellino arrollador que se alimenta de las estrategias de arte y vida que inventan esas vidas que nuestro mundo feroz condena a no merecer ser vividas. Si a todo esto le sumamos otro gesto, el de sustituir los objetos artísticos por cuerpos en acción, el de elegir no el tiempo diacrónico de la exposición sino el tiempo sincrónico y condensado del evento, entramos en el territorio del acontecimiento. Y es en ese acontecer que los cuerpos, tanto de performers como de espectadores se descubren en su total fragilidad, sobreexpuestos a lo inesperado, cuidándose colectivamente en ese tiempo único vivido y presente, en ese elegir estar ahí juntos. Charlando con las palomares me comentaban como ellas entendían que más que una sucesión de performances todo en si mismo había sido pensado como una performance, y sujeto por lo tanto a una temporalidad excepcional. Tanto lo ordinario como lo extraordinario que allí sucedió, desde el cableado, las botellas de agua, la mujer que limpiaba la sala una vez todos habíamos abandonado el espacio, la coordinación en la sombra de todo el equipo que posibilitaba que aquello sucediera, formaba parte de esta coreografía de cuerpos, expectativas y deseos en la que Hedonismo crítico nos sumergió gradualmente, sin apenas darnos cuenta, hasta que como ellos mismos comentan “hubo un momento de la noche en el que saltamos de dimensión y nos reveló a todxs sin máscara. Fue algo mágico”.

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“HOC EST ENIM CORPUS MEUM”, de Andrés Senra.
Paquito Nogales presentó su trabajo, Palomo cojo.
Paquito Nogales presentó su performance “El Palomo cojo”.
Francisco Godoy Vega y su acción  la economía colonial inconsciente en las cuestiones relativas a la homosexualid.d”
Francisco Godoy Vega y su acción “la economía colonial inconsciente en las cuestiones relativas a la homosexualid”

Y empezó la fiesta. Dándole vueltas al título del evento no pude evitar pensar en La voluntad de saber de Foucault y de cómo en este libro se defiende la idea de que no hay diferencias entre represión y liberación, advirtiéndonos del peligro de tomarnos el hedonismo a la ligera. De ahí que el adjetivo crítico funcione aquí como una fuerte declaración de intenciones: “el hedonismo sexual puede convertirse en un arma colonial o clasista. Hay que estar alerta a las violencias que despliega cualquier práctica, y que en el caso del hedonismo, a veces se obvian por pura inocencia”. Siguiendo esta premisa podemos entender la elección de performances que tuvieron lugar aquel domingo. La rica heterogeneidad de proyectos que se presentaron funcionaba como contrapunto de la homogeneidad dominante que suele caracterizar en numerosas ocasiones los eventos que presentan prácticas artísticas reunidas alrededor de categorías malinterpretadas como monolíticas. Con esto me refiero a programaciones que surgen “de arriba abajo”, que publicitan un arte queer, un arte feminista, un arte anti-colonial, por poner algunos ejemplos, repitiendo tópicos que terminan vaciando de sentido político esas mismas prácticas, desproblematizándolas. Esta heterogeneidad de cuerpos, lenguajes, posiciones y afectos invitaba más bien a todo lo contrario, ese poner junto a proyectos y ópticas tan disímiles potenciaba una recombinatoria constante, como si el conjunto de estas performances fueran un cuerpo “monstruosos” y vivo atravesado por fuerzas excéntricas que friccionan y se afectan, enriqueciendo exponencialmente la experiencia de un público sobrestimulado en su dosis más explosiva. Una tras otra las performances se sucedían de manera que las capas de emociones se iban acumulando, poniendo a los cuerpos cada vez más en disposición de altas dosis de intensidad, dilatándolos.

"peasantfemmerentboibrokendreams/heart(2queer4marina)" de George Jacotey.
“peasantfemmerentboibrokendreams/heart(2queer4marina)” de Georges Jacotey.
“Arte enANO” con Maria Perkances y Jordi Flekos.
“Arte enANO” con Maria Perkances y Jordi Flekos.

Es en este punto que me gustaría poner entre paréntesis la categoría de “arte” queer para poder pensar lo queer desde la noción de estética, entendida esta no desde su acepción moderna occidental en tanto teoría sino como aesthesis, como “sensación”, “proceso de percepción”. Bajo esta perspectiva todo lo que vivimos aquel domingo de hedonismo crítico, ese encadenamiento de performances, apuntaba directamente a un cuestionamiento de nuestra gramática afectivosensorial, declarando la revuelta a nuestros cuerpos. Entender la potencia de estas prácticas como dispositivos de disenso y reorganizadores del sensible común hace de la experiencia estética una experiencia indudablemente política, una cartografía de lo posible cuya potencia reside en su capacidad para instituir comunidades que inventen otras maneras de habitar y sentir el mundo, otros códigos y otras lógicas.

Por que al final, como mínimo, esta fiesta no fue otra cosa que la celebración de un ser juntxs.“Tenemos prisa por sentirnos en familia. Hacer palomar es hacer red afectiva. Estamos hartas del aislamiento al que se nos confina. Es vital para la maduración (incluso supervivencia) personal conectar distintos círculos, generaciones y contextos. Son pequeños pasos de empoderamiento común”.

Negroma cantando.
Negroma cantando.
Público bailando
Público bailando

Regina Fiz fue nuestra maestra de ceremonías, Miguel Benlloch presentó “Quién canta su mal espanta”, una acción uregente, necesaria y autobiográfica que alude a la efermedad. El proyecto “Palomo cojo” de Paquito Nogales giró en torno la construcción marica a partir de sus propias experiencias, y tampoco olvidamos la acción que Francisco Godoy Vega realizó en los baños “la economía colonial incosciente en las cuestiones relativas a la homosexualidad”, el título lo dice todo. Maria Perkances con Jordi Flecos organizaron varios pases de su “Arte enANO”, una exposición de miniaturas via rectal que supuso un buen resumen epistémico sobre cómo aproximarse a según que experiencias y temas; del mismo modo que Hotel Butterfly inauguró con “Grandessa” bajo una gran falda floreada donde se esconde la carne, el vello, sus mieles. Klau Kinki y Martín Rico se encargaron de sellar el ano en su homenaje a Aracne. Otras propuestas como la de Raisa Maudit o Solange tô abierta hicieron hincapié en el baile y el twerking como herramienta de pogo a la autoridad. El trance de Andrés Senra con “Hoc Est Enim Corpus Meum” marcó un antés y un después en el evento. Ramón Guimaraes panteó en “Consumición gratuita” una autocrítica a las frustraciones del hedonismo y del vernissage. Arabesca irrumpió en el bar (donde Christina Ratas, ¥€$Si y Agnès Pe trataban de pinchar luchando contra el limitado sonido) entre el tumulto de gente que estaba esperando para entrar con su “Araespectáculo kinki”, proyectando la voz. Cantaron también Georges Jacotey con su “peasantfemmerentboibrokendreams/heart(2queer4marina) y Negroma con su “I left de past behind”.  

Registro de imágenes realizado por: 

Paco Chanivet, Isabella Antonelli, Sebastien Esteban, Clara Niroc, Axel Calatayud.


El Palomar es un espacio, un contexto de trabajo, un posicionamiento político y un replanteamiento institucional. Desde un ático en el barrio de Poble Sec de Barcelona, Mariokissme y R. Marcos Mota, revisan  la historia oculta en relación a la identidad y el género, y se incrustan como reducto de discursos, sujetos y prácticas que tienen dificultades para penetrar  en la esfera artística contemporánea oficial. Llevan tres años trabajando en contagiar de otros discursos a la estética dominante machista post-conceptual, generando espacios de encuentro e intercambio; creando un programa basado en la investigación multivocal y la incorporación polífónica desde el trabajo en los márgenes (desde el overgorund). El Palomar nació como un proyecto donde albergar pulsiones desde el arte sin tener que pasar por los filtros y restricciones de la institución, jugando con los códigos de legitimización normativos para cuestionarlos e implementar nuevos escenarios posibles.”Desde nuestra experiencia y realidad confiamos en el potencial de determinadxs artistas para resolver las urgencias políticas que nos privan del acceso a participar de los derechos básicos asumidos como universales”.  http://el-palomar.tumblr.com/

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