El sueño de la razón produce monstruos

Alison Scarpulla

Baudelaire solía decir que para el hombre sólo hay dos maneras de escapar del tiempo: a través del placer, y a través del trabajo. El primer camino persigue lo inmediato, se agota en el instante, generando con ello energía inútil, entrópica. Ha sido asociado al mal, a Satán; el segundo camino, el del trabajo, se asocia a la voluntad, creando energía útil que mira al futuro, y por tanto a Dios, al bien. En realidad se podría hablar de las dos tendencias clave en el ser humano, la de la auto-destrucción y la de la auto-conservación. Impulsos ambos que forman parte de lo mismo. Direcciones opuestas en constante gestión de tensión y equilibrio. Uno parece clamar que le dejen salir, el otro requiere un esfuerzo al que llegar y mantener. Castigo y premio.

Todo esto se ha ido encarnando en dualidades -Apolo y Dionisio, la luz y las tinieblas, vida y muerte, el blanco y el negro, el orden y el caos, lo etéreo y lo telúrico, el cielo y el infierno, arriba y abajo- que más que hacernos entender al hombre, personifica como antagónicos dos direcciones en si mismo que están tan entremezcladas como que componen lo mismo. Dos caras de una misma moneda.

En momentos de crisis, el contrato social se nos da roto, provocando una aceptación -desde resignada a agónica- de la negación del futuro, del mañana. Un separarse de las exigencias del mundo y sucumbir, en contraste, al placer de los sentidos, y de la imaginación, todo hacia el arrebato en el ahora, el instante. Nada que sembrar.

Hoy en día vemos brotar como setas muchos artistas que trabajan en esta línea que vira hacia lo oscuro -desde lo romántico a lo apocalíptico-, manejando referentes similares. Todos comparten un mismo contexto del que surgen, el capitalismo online, que genera una escena globalizada virtual en la que Internet ofrece un inmenso menú para insaciables.  De éste eligen filtrando por sus gustos, aquello con lo que gestionar su iconografía, referencias y moldear las obras resultantes. La “escena” de la que hablamos ha trascendido el elemento local, surgiendo espontáneamente a través de mucha de la geografía mundial. Hablaremos de la misma a través de algunos artistas seleccionados.

Alison Scarpulla es una joven fotógrafa neoyorquina, cuyo trabajo lleva un par de años circulando y difundiéndose con la rapidez con la que prende el fósforo, gracias al mecanismo virtual equivalente al del boca a boca tradicional: de blog a blog.  Sus fotografías componen un conjunto que podría entenderse como una especie de tratado visual de lo sublime como categoría estética. Sus obras insisten en mostrar o representar constantemente aquello que despierta tal pasión: recreándose en la imagen de paisajes salvajes, inmensos, nocturnos, marítimos, invernales; la luna; la presencia de brujas, figuras femeninas, lánguidas y entregadas (prerrafaelitas), dándonos la espalda (Caspar Friedrich), siempre perdidas en medio del espacio natural que las engulle, entregadas a su superioridad (cierto panteísmo); siluetas y sombras; efectos atmosféricos como humo, niebla; focos de iluminación naturales y exaltados (crepúsculos) y la provocada por el fuego (velas, fogatas e incendios); animales y niños (lo natural); cruces, bolas de cristal, calaveras; ventanas y cortinas de casas viejas, abandonadas, o habitadas por espíritus, interiores siniestros. Presentan imágenes, situaciones en las que cualquier cosa puede pasar, aunque casi siempre, es la simple espera la que genera suficiente alteración de los sentidos.

Un pequeño recorrido por la “Alison Scarpulla” virtual nos lleva de su flickr a su porfolio y de aquí a su blog personal. A partir de ellos, podemos ver como se despliega todo un sin fin de referencias, firmadas, anónimas, mezclando tiempos con la libertad que se auto-permite: desde ejemplares de novela gótica, a iconos del movimiento del romanticismo, el simbolismo, iconografía clásica y mitológica, libros viejos, diferentes culturas y tradiciones, películas antiguas, diarios o escritos encontrados, el movimiento espiritista victoriano, artistas como Arvo Pärt, Natural Snow Buildings, Alejandro Jodorowsky, Joel Peter Witkin, Adelaide Hanscom Leeson o Maya Deren entre otros. Alison emprende un camino de relecturas, aportando novedades o prolongando los efectos de tal línea estética extensible.

Todo esto es efectuado por ella a través del medio fotográfico, acudiendo a su ambigüedad esencial e histórica. En su caso, fondo y forma, técnica y resultado se entrelazan con coherencia, asumiendo y explotando todo lo que el elemento analógico permite. Veladuras, doble exposición, trucos pictorialistas, efectos de color irreales, rallados sobre la superficie, gamas de colores frías, … Casi todo ello es resultado de un interés por experimentar en el cuarto oscuro, donde se cocina la fotografía una vez hecha la toma, segundo paso, casi igual y más importante que el primero. Se mira a las primeras modas del pictorialismo, volviéndose a entretejer con la pintura, de la que siempre ha estado luchando por separarse con la finalidad de legitimarse. No es tanto presentar verdades, sino hacer visible otras no tan presentes. Representación más allá que presentación. Aquí se trata de un aprendizaje al margen, autodidacta, a base de la fórmula ensayo-error, solo que el error es el que se persigue. Todas sus fotografías derivan en una estética alejada de la nitidez perseguida en supuesta evolución, asociada al control visual y al hito del progreso. Haciendo difícil la vista, se persigue excitar al resto de los sentidos.

Su obra fotográfica encuentra su prolongación y complementación musical con una “escena” denominada de varias formas: Witch House, Drag, Ghost Drone, Gothic Chillwave, Darkwave o Haunted Disco. Se puede considerar un fenómeno musical más o menos reciente, y que “suponen una vuelta a los sonidos del pasado con un horizonte claro hacia el futuro”. Asimilando ciertos aspectos de grupos inmediatamente precedentes como Burial y The Knife (y sobre todo Fever Ray), poseen a la vez, ciertas características concretas sonoras, como son las “psicofonías, deconstrucciones constantes sobre bases electrónicas, industriales y provenientes del hip-hop (siempre explorando ruptura de compases), ralentizaciones de pistas (…) y sonoridades bizarras. (…) una envoltura catártica y en ocasiones trance de una atmosferización siniestra. (…) ambientes asfixiante, agónicos, terroristas, desoladores pero también nostálgicos, melancólicos y tan inquietantes como reconfortantes” 2.

Nos centraremos en uno de sus grupos clave y más célebres de esta supuesta tendencia: Salem. Este grupo de Michigan aporta de manera más rica a la afinación estética del movimiento, pues a través de videoclips y el flickr de uno de sus miembros (John Holland), se fuerza y estira esta estética de lo sublime, a la que acompaña e intensifica con música de “llantos fantasmales y experimentales con beats encadenados con albedríos oscilantes, jingles acompasados y atmósferas densificadas de distinto espesor y bruma” 3.

Todos ellos han emprendido el camino hacia el placer exaltado, hiperestéstico, insistiendo en provocar una especie de subyugarse y rendirse a lo comatoso. Un placer que da a la vez la mano al disfrute generado por la belleza del abismo y del desastre.

Además de las imágenes que evoca la tendencia musical, algo diferente a la más elegante de Scarpulla, tenemos por ejemplo a Owleyes (James Weigel), que sin ser fotografía, trabajan a base de la técnica del collage y la ilustración, acentuando “lo críptico, el feísmo, lo oculto, las parafilias de diverso talante, la ambigüedad sexual, lo abyecto y retorcido, la humillación, lo espeluznante, lo satánico, el simbolismo, (…) y lo aberrante” 4. En pintura nacional destacaríamos la obra del pintor Santiago Lara, más cercano, aunque en pintura, a la línea de Scarpulla.

Entre todos, pintura, fotografía, música y videos compondrían una especie de obra de arte total (Gesamtkunstwerke) que rinde culto a la categoría de lo sublime hoy en día, unos mirando hacia el pasado, otros mirando a la contemporaneidad, pero siempre cercanos a la estética y emoción del miedo. Y es que se trata de una de las pasiones más sublimes, pues no hay pasión que robe tan determinantemente a la mente todo su poder de actuar y razonar como ella. Y de nuevo volvemos a la emoción, al instante, a lo entrópico. Todos estos artistas acuden a la imagen del miedo en sus diversas acepciones de un imaginario colectivo común: miedo-ficción y miedo-realidad, según dividió su especial monográfico de la revista Exit Book en el 2010 (nº 13). Con ficción se acude a una mirada hacia un imaginario colectivo del pasado: lo sublime y la novela gótica, lo siniestro, el vampiro, … etc. ejecutado visualmente por ejemplo, por artistas como Scarpulla y Lara. Con miedo-realidad se acude al terror que vivimos hoy en día y que muestra muy bien Salem desde una posición de insider y agente provocador. A través de sus videos muestran la miseria, los deshechos, los peligros y caos de la vida contemporánea capitalista: prostitución, violencia, accidentes de coche, los bajos fondos, la guerra, la muerte, …

Entre todos intentan visualizar el mal y el infierno, el imaginado que te espera como castigo (Brueghel el Viejo, El Bosco), el infierno como interpretación de la realidad actual. El mal personificado en ficciones y fairy tales moralistas (brujas, el mar, monstruos); el mal encarnado por la sociedad en sus estigmas: lo enfermizo y degenerado (Nordau), lo out (sider / law), lo que perturba el orden de una sociedad.

Todos ellos representan la mirada de una cultura cristiana heredada y retorcida, pero no superada, que sigue asumiendo la imagen de una realidad dual dividida en bien y el mal. Apoyándose en la visualización y ligazón con el mal, ejecutan varios ejercicios, connotaciones, experimentando lo prohibido, sucumbiendo al pecado. Todos guiados por un dejarse enamorar lentamente de una categoría, abrazando lo demoniaco en el arte como estética ligado a un auge del ocultismo, pretenden hacer emerger, (re)presentarse lo que no está realmente visible, ejecutando una acción que intenta romper las certidumbres que nos atan con lo real, a la vez que de asumir la pervivencia del pasado en el presente. Todo se podría entender como una vuelta al romanticismo, como revelación y oposición determinada al positivismo, al racionalismo y todo aquello que representa la Ilustración y sus luces hacia un progreso que consideran fallido. A la vez se oponen contra la belleza clasicista, apoyada en la armonía y la verdad; a los modos de vida actuales, pobres y agotados. Todo aquí, en contraposición es indecible, insinuado, críptico, imaginado, esbozado, posible, siniestro y gris.

1, 2, 3 y 4. CANO, David: “Witch House. Ora Pro Nobis” en Notodo.com, Madrid, 11 / 05 / 2010

 

Alison Scarpulla
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Imagen del blog de A. Scarpulla
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Santiago Lara
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Caspar Friedrich_cloister_cemetery_in_the_snow
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Santiago Lara
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Alison Scarpulla
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Santiago Lara
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http://www.youtube.com/watch?v=5OVvJOeUdUs&feature=related

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Owleyes
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imagen del blog de A. Scarpulla
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John Holland (Salem)
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imagen del blog de A. Scarpulla
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John Holland (Salem)
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imagen del blog de A. Scarpulla
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Salem
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Salem
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