La ciencia imaginada

La ciencia imaginada, un proyecto de Fernando Gutiérrez para la galería Gema Llamazares comisariado por Alfredo Aracil

 

 

03 ternera y chirlito

“Todos los hombres, en el vertiginoso instante del coito, son el mismo hombre.

Todos los hombres que repiten una línea de William Shakespeare, son William Shakespeare”.

Jorge Luis Borges

Apenas un año antes de que los acontecimientos de París terminaran con el Antiguo Régimen, la aparición en Luján, Argentina, de los huesos de un animal prodigioso, en apariencia sólo factible en un mundo arcano de mitos encarnados, catapultó la ciencia natural hacía su estricta modernidad. Una revolución que, gracias al poder de la imagen reproductible para “inventar” realidades, significó la revisión de la cronología del hombre y de todos los seres vivos sobre la Tierra, gracias a una teoría evolutiva que contemplaba la extinción de algunas especies y la transformación de otras.

Fernando Gutiérrez recupera la detectivesca historia del “descubrimiento” del Megaterio, así como ciertas imágenes de otro animal que antes de ser visto en Occidente fue muchas veces soñado, el elefante. La ciencia imaginada presenta un trabajo de morfología mutante ensamblando, no sin humor, distintos fragmentos osteológicos y descripciones anatómicas realizadas por Juan Bautista Bru, el disecador que montó, erróneamente, el Megaterio una vez llegó de América al Real Gabinete de Historia Natural. Junto a estas imágenes de naturaleza científica encontramos una serie de composiciones caprichosas: dibujos de un tiempo donde la zoología se estudiaba en los bestiarios puestos en relación con imágenes de cuerpos fantasmales, a veces a medio dibujar, formas recurrentes en el imaginario del artista.

El resultado de este juego especulativo es un puzzle articulado por piezas flexibles que bien podrían ocupar otro lugar en la composición, y no por ello renunciar a su sentido. Se trata, finalmente, de no pedir disculpas por alumbrar lo monstruoso, sino de jugar y aprender de ello. De esta forma, el conocimiento científico se revela como una actividad que aún siendo principalmente mimética es incapaz de renunciar a la estética. ¿Cómo hablar de aquello que todavía no tiene siquiera un nombre? Cuando la realidad está desnuda y los monstruos son indecibles, como sucedía con el Megaterio, la ciencia imagina sus objetos de estudio inventando a su vez nuevas taxonomías.

La nueva ciencia del siglo XVIII supuso la reorganización de los sistemas de percepción heredados. En este cambio epistemológico del que somos herederos, el arte jugó un papel destacado de cara a socializar el saber. Huelga recordar cómo en la Academia de San Fernando se enseñaban las técnicas de grabado y dibujo anatómico que permitieron a George Cuvier resolver el enigma del Megaterio. Mientras Bru, al parecer, necesitó betún, alambre, pez y hasta un serrucho para armar su bestia herbívora de aspecto felino, al naturalista francés, apodado el Napoleón de la ciencia, le bastó con echarle un vistazo a unas copias de los dibujos y grabados originales de la primera reconstrucción de un animal extinto de la historia. Mediante una lógica de analogía y extrapolación, Cuvier fue así capaz de articular las partes de la criatura montada primeramente por Bru. Para ello desarrolló un mecanismo metodológico todavía vigente, la anatomía comparada, por el que todos los huesos de un ser vivo deben estar relacionados entre sí dependiendo, además, de la función que desempeñan en el conjunto.

A través del uso de la línea como gesto que reúne un fragmento con otro en una nueva figura, los montajes de Fernando Gutiérrez desbordan lo verosímil y no buscan lo factible, sino el asombro. La gramática irreal que articula en sus collages, más allá de toda disyunción -este cuerpo y esta vida-, imagina tantas posibilidades como espectadores. El corta y pega practicado por el autor, al cabo, es más deudor de la fantasía plástica de Bru que del rigor académico del gran naturalista francés. Con cada nueva composición y con cada nuevo engendro sin nombre, el artista alumbra una historia natural alternativa donde, como frente a un espejo, los objetos del mundo se multiplican por arte de magia.

Alfredo Aracil

fg_01_bru de ramón_megaterio _01_collage_impresión digital, tinta, acetatos_2015

 

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