ROBERTA MARRERO: ARTE PARA LA BASURA BLANCA

Por Inés Plasencia


 

Art is III, 2O12
Art is III, 2O12


 

Todo arte es completamente inútil. (O. Wilde)

 

Trivializar, ridiculizar, cuestionar, sugerir… Las palabras pueden cambiar, pero en los dibujos de Roberta Marrero la autoridad de lo supuestamente incuestionable, de los cánones hegemónicos y los mitos occidentales se desarma en modo dandy (“despreocupado pero no indiferente”) y opta como herramienta de autoconocimiento por esa opción tan seria que es el humor. Buena parte de su obra más reciente se articula a partir de imágenes de cuadros clásicos, reconocibles al menos como parte de los momentos más amanerados de la historia del arte como, entre otros, el Rococó y el Pop Art. En ella la técnica del collage se hace callejera mediante el uso de stencils y rotuladores, que escriben frases capaces de dar la vuelta al significado de estas obras, prácticamente intocables, no tanto para burlarse sino para hacerlas más humanas. Señales, pistas de imperfección, dudas, miedos y melancolías se instalan en iconos de un universo tan variado como el nuestro, que no por heterogéneo consigue fragmentarse y en el que desde Franco a Marlene Dietrich se revuelven ante la mirada de los demás.

 

Arte para perdedores.

 

Mientras Oscar Wilde diría que el éxito simplemente es para los fuertes y el fracaso para los débiles, Rudyard Kipling rebatiría sin embargo que tanto el éxito como el fracaso son unos grandes impostores. Igual de impostores. “Art is for losers”, una de las máximas recurrentes en la obra de Roberta Marrero, parece sugerir que el éxito, para completar esta tríada de opiniones, conlleva la pérdida (o la perdición). La inadaptación, la conversión en icono y, por tanto, la deshumanización del mito, como ese solitario Warhol, paseante omnipresente en el trabajo de Marrero, que rodeado de admiradores en aquella plateada Factory no podía más que mirar el mundo desde la distancia. Incapaz de pertenecer a él. Así que el consejo parece claro: sé un perdedor y mira el mundo desde lejos, pero eso sí, sé un perdedor hermoso. Lo inútil como lo único que merece ser admirado: “Art means nothing”.

Teniendo en cuenta que la obra de Marrero tiene como base la apropiación, desde imágenes de cómics a los ya comentados cuadros clásicos, y que el apropiacionismo es una práctica que cuestiona el sistema mismo del arte y por supuesto la modernidad y su autoridad, puede decirse que tiene lugar ese proceso de “licuefacción” que caracterizaría nuestro tiempo según Bauman. No sólo porque “derrite los sólidos” con el uso de imágenes que apuntalan la tradición occidental, sino porque participa de la construcción de una modernidad que es breve, que vuelve, que se repite y que se cuela líquida entre los recovecos de la vida salpicando tanto a lo elitista como a lo popular.

 

Collage: la crítica y la parodia.

 

La parodia es que Jesucristo busque un galerista que lo autorice como artista. La crítica es que realmente incluso él necesitaría uno hoy en día para ser autorizado como creador. Viniendo de una artista que se mantiene fuera de los circuitos artísticos, quizá sugiriendo cómicamente lo bien que le vendría un galerista, cabe preguntarse qué y a quién parodia. Yo personalmente tengo dificultades en separar vida y práctica artística, y la creación compulsiva de Roberta Marrero, que se sabe fuera de un mercado que le exija legitimar un discurso, debe reivindicarse como base de uno que sólo se sostiene precisamente sin legitimación.

Lo absurdo y la ironía, por otro lado, son agentes de distanciamiento que se vincularon ya a prácticas artísticas críticas cercanas al collage, como los fotomontajes de John Heartfield y por supuesto Josep Renau. Aunque no parecen a primera vista parte de los referentes visuales de Roberta Marrero, el mítico montaje de Hartfield en el que un Hitler transparente tiene una columna vertebral de monedas sí parece relacionarse con el Franco atravesado por el rayo de Bowie aunque, eso sí, tamizado no por el miedo a la brutalidad que en efecto iba a llegar pronto sino por otro tipo de crisis. La crisis del individuo único, diferente, sea o no “positiva” esta unicidad. Una diferencia que llevó a María Antonieta a la guillotina, que margina a los súper héroes y que se ríe de la orfandad de Bambi. Porque hay algo común en todas las crisis de la diferencia, crisis también hegemónicas para un privilegiado Otro que sin embargo vive a merced de nuestro derecho a hacer con él lo que queramos. Ser un tierno cervatillo, una estrella del rock o un tirano no generará iconografías tan distintas como podría esperarse. La vida y la representación parecen querer hacernos iguales, pues sí, y qué más podemos hacer que amarnos a nosotros mismos y ser dandys.

 

Palabra e imagen.

Ante la pieza “White Trash” nos viene sin duda a la cabeza la obra de Duchamp “L.H.O.O.Q.”, aquella Gioconda con bigote que provocaba las iras y las risas en torno a la reina del Louvre, museo cuya guía, por cierto, Marrero está actualmente pintarrajeando página a página. El de Duchamp se trataba no sólo de un momento en el que el objetivo principal era dinamitar la tradición artística, sino también de uno en el que el arte se hacía cada más eco de la crisis del lenguaje y del llamado “giro lingüístico”, del que Wittgenstein supuso un momento crucial. Esto reconocía al lenguaje su capacidad creadora de mundos, y no como algo tan dependiente de la realidad referenciada. En la obra de Roberta Marrero estos mundos se crean precisamente con la ayuda del lenguaje, descontextualizando y cuestionando el valor de la imagen por sí sola, revelando además la proveniencia de Marrero de la ilustración. Un mundo como el de los cómics, lleno de palabras, claro referente visual en todos los aspectos de su obra, desde el cromatismo hasta la intención narrativa, que es elevado a la categoría de autoridad.

Porque la autoridad, en efecto, podría ser cualquiera. Y es que, finalmente, existe un elitismo artístico que llena los salones de la “White Trash” esperando a que la modernidad deje paso a una nueva para cambiar la decoración. Pero mientras tanto, se ríe de sí misma sabiéndose líquida y absurda, continúa mirando a sus héroes y se resiste a verlos como humanos. Pero son humanos; humanos demasiado humanos y, por lo tanto, imperfectos.

 

 

 

A S F L VI, 2011
A S F L VI, 2011

 


 

A season in Pop, 2011
A season in Pop, 2011

 

Art is IV, 2012
Art is IV, 2012

Carmen Polo de Franco as David Bowie, 2010
Carmen Polo de Franco as David Bowie, 2010

B A D L Y 2, 2012
B A D L Y 2, 2012

 

 

White Trash II, 2011
White Trash II, 2011

 

 

Webs de Roberta Marrero:

 

www.iamgod.eu

www.facebook.com/Roberta.Marrero.Art

 

 

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