Melania Olcina Yuguero. La virtud de un gesto en un vacío inexacto

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Nerviosismo. Estrés postraumático perpetuo, crónico.

Paciencia, calma y luz sobre la piel, puertas de entrada o salida, según sople el viento, una mujer sola, sólo eso.

El silencio y la lentitud ante la obra de Melania Olcina Yuguero, no tiene precio, aún siendo evidencia pura de nuestro estado mental. Nerviosismo, estrés postraumático perpetuo, crónico. De ahí venimos antes de que Woman on background comience. Proyectado dentro del ciclo “Habito, luego existo”, comisariadado por Maria Rogel dentro de la feria de arte emergente JustMAD7, su comienzo, es entrar en un tiempo real que percibimos ansiosamente como la crónica de lo que es nuestro mal actual. No estamos en el presente porque no estamos en nosotros mismos.

 

Melania trabaja con el cuerpo, un cuerpo impregnado de pasado artístico y cultural, bañado de historia del arte por los cuatro costados, de cuentos reales sobre artistas, modelos, musas y estudios preñados de ideas y espacios vacíos…Es su herramienta de trabajo y cuestionamiento de todo lo que hemos aprendido, su libro abierto, un cuaderno en blanco que la trae y la lleva entre los caminos de la danza y las artes visuales. Pero acaso no es todo lo mismo? El afán de etiquetar para entender, casi siempre, nos hace un flaco favor. El discurso de los límites entre las artes es ya viejo. Como bailarina, coreógrafa entiende el cuerpo como obra de arte en sí mismo, como medio de investigación, contador de historias, la corporeidad propia como templo de expresión artística y creación, algo que ya hicieron otros clásicos antepasados cercanos. Así ella se expone como lienzo moldeable y pensante, y se ofrece a reflexionar sobre lo que somos, sobre lo que es como mujer-cuerpo dialogando consigo mismo y con el que la mira, preguntándose si es posible deshacerse de toda la tradición visual y conceptual que nos hace, y empezar a ver de cero.

 

El silencio de sus obras tiene más que ver con un tiempo suspendido que, durando, es terapia y descanso para los ojos. Y esto más, si tenemos en cuenta la saturación de imágenes, productos y estímulos que soportamos a diario. Arte de consumo masivo en una sociedad de masivo consumo.

Recibiendo más información de la que somos capaces de procesar, hemos olvidado que somos animales emocionales. Nuestro instinto emocional está dañado, mermado, que no dormido, por la imagen dirigida. Avocados a lo que tenemos que sentir o pensar, los minutos son indispensables. A más imágenes en menor tiempo, menos tiempo de asimilación, menos tiempo de reflexión a cerca de lo que sea, y mucho menos, a cerca de cuales son las verdaderas impresiones. La ecuación es clara, el resultado es claro.

 

Women in background, parece ajeno a esta histeria, propone el placer de la observación sin mas, calma y luz sobre la piel, puertas de entrada o salida, y una mujer cerrada entre sí misma, que rodeada por una placenta de aire, habita el vientre de un espacio preciso, cuya claridad viene dada deliciosamente por la geometría que dibuja el sol en el suelo. La música es sonido entre silencios. Sólo una mujer en el suelo, solo eso, acompañada por el estar del que mira espía. Eso y el presente mas contundente de los segundos que pasan casi en un mantra que repite machacón, lo natural es lo que miras.

La mujer serpiente es la habitante de ese espacio, hablándonos desde la desnudez y la delicadeza del movimiento, desde la situación a la que lleva y en el que pone el gesto, su cuerpo es un volumen que ha aprendido a conocerse y a reconocerse en los lugares que ocupa. Cuerpo y espacio con valores de retroalimentación inversa y recíproca.

Su día a día, repta y descansa sobre nudos corporales, mide el espacio inventando nuevas medidas aúreas, la medida universal es el cuerpo propio, centro referente de todas la cosas cuando se arrastra, esculpe o baila, del que parte el universo y al que el universo devuelve… de mi ojo a la puerta hay doce brazos, siete torsos, mil dedos de los pies… Carne sobre suelo, anónima, es la biografía de un animal en un espacio vacío de historia, solo una puerta al fondo inquieta por sus posibilidades de dentro-fuera.

Mujer mota de polvo, movida por la brisa que se cuela levemente por cualquier rendija del espacio existencial habitado en tiempos pasados, cambia de cuadro. Verticales punzantes nos llevan a viejas esculturas desnudas, que ahora nos miran de frente. Entre el cuadro móvil y la foto fija, malabarea con el arcano tiempo-espacio, cómplices en simultaneidad. El animal ya no es sorprendido por el que mira, ahora, busca ser mirado, registrado por el obturador del párpado en el hueco de la puerta, que la enmarca y la hace desear, y ser deseada. Mujer objeto, sujeto, significado y significante, todo reunido en desnudo de cuerpo y alma desapareciendo en el artificio de una postura forzada que investiga el límite de la curva, la torsión, la tensión, la fisicidad del menos es lo máximo.

Un cuarto cuadro completa el retablo de la vida de la mujer insecto, silencioso, se retuerce en elegancia misma, se mira, se expone o se encierra, como lo haría una araña en la esquina de un cuarto vacío lleno de luz inmóvil desde hace la eternidad. A solas en el cuarto desalojado, el vacío llega de invitado cuando sale el camión de la mudanza. En el aire, la mujer se acuna sobre su centro, seduciendo, seducida.

 

De deseo, seducción y ojos también habla en Galmatopeia, segunda parte de la serie de videoarte, que se podrá ver dentro del ciclo “Mulier Mulieris” estos meses en Alicante.

Galmatopeia, es el arte de esculpir, o el arte de sacar la forma de lo informe, de la piedra desbastada a golpes del cincel de la mirada, para que la carne y el hueso se haga mujer-deseo desplegado en el espacio. Desde la ornamentación o la desnudez, el cuerpo ya no es cuerpo, es soporte para la comunicación, como lo ha sido siempre. Dialoga frente al artista que se inspira rebuscando en el objeto el punto de vista, la perspectiva idónea para que se desarrolle en el espacio la ilusión de lo que lleva dentro. Seducir es imaginar, es jugar con la imaginación del otro, es un intercambio de reflejos, de imágenes provocadas que viajan incesantemente del objeto deseado al objeto que desea. Artista y modelo nutriéndose de la posibilidad de desear y ser deseado…. Y entre ellos una distancia que marca el límite de donde empieza uno y empieza el otro. La distancia les separa y les une a la vez, la justa para que lo percibido por los ojos no se vea alterado por otros sentidos. Huída del tacto, la distancia se llena de silencio evitando alterarse por el sonido de la respiración o el roce de la piel con la carne… Ella es el espejo de la ilusión que él lleva dentro… Él es el espejo de la ilusión de cómo ella quiere ser concebida. Plena en su mapa de curvas y contracurvas, peso y levedad, de su fragilidad parece nacer la fortaleza del gesto, que abierto, señala hacia una nueva ilusión para el que mira: la disposición a desear, a seducir, y ser deseado y seducido.

 

Hay en la obra de Melania Olcina una sensación de ausencia persistente que de algún modo nos conecta con lo que deseamos. Jean Baudrillard dice que el secreto de la seducción está en la evocación del otro por medio de un gesto vestido de lentitud y poesía, que la perfección del deseo tiene que ver con ese tiempo suspendido regalándonos los segundos suficientes para que nos llene, por un instante, el sentimiento de echar en falta.

La fuerza de estar, no estando, es un misterio evidente que hace que el que mira su obra, se empeñe aún más en conocer, en poseer más detalles de lo que medio narra un gesto ocupante de un vacío inexacto. En definitiva, y como siempre, la materia presente cae vencida ante lo invisible, ante lo que no se cuenta.

 

 

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